viernes, 14 de agosto de 2009

Train

Algo de cierto debe de haber en la idea de que todos quedamos un poco marcados por el día del nacimiento. Toda la parafernalia astrológica suele apoyarse en ese dato. Ahora en cambio me estoy refiriendo a las circunstancias atmosféricas, al frío, calor, lluvia, viento, ventisca o rayos que caían mientras caíamos en este mundo, esos detalles que abuelas y tías se esfuerzan en recordarnos ese momento en el que nuestro entendimiento y memoria estaban aún por estrenar.

George Francis Train nació en noche cerrada, con bastantes grados bajo cero, mientras sonaban las tormentas y caía una gran nevada sobre Bostón. Quizás estas circunstancias dieron sustento a una vida muy turbulenta.

Inspiró el personaje de Phileas Fogg, pues se marcó un plazo para dar la vuelta al mundo, y no lo consiguió una, sino tres veces, dejando su propio record, en 1892 en 60 días.

Impulsivo y excéntrico, combinó ideales comunistas con la realidad de ser un verdadero capitalista. Puso en marcha diversos proyectos de redes ferroviarias en Australia, China, Rusia. Llegó a presentarse a las elecciones presidenciales de Estados Unidos con el objetivo de establecer una dictadura de hierro si era elegido.

A caballo entre la locura y la genialidad, Train emprendía, se comprometía, y eso suponía éxitos pero también muchas críticas y tropiezos. Sus acciones parecían estar al margen del ritmo del mundo, y por eso quizás también la novela tuvo que remodelar el personaje y volverlo más correcto, minucioso, caballero para que fuese vendible y creíble.

La realidad también fue más allá que la ficción esta vez, aunque para ello tenga que pagar el precio de la marginación histórica.

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