sábado, 14 de octubre de 2017

LO QUE DE BUENO QUEDA

Saber en primera persona que el mundo es pequeño, que la historia es circular. Que, como dice el poeta, nada se pierde, sólo se transforma; es un atracón que te llena la mente, el estómago y los bolsillos.

He podido comprobarlo en los últimos días con un episodio en el que hay que recurrir a tópicos como la alineación de estrellas, la confluencia de factores o endiosar a las casualidades para admitir lo sucedido con cierta naturalidad.

Bien. La cuestión es que hace unos días, el 7 de Octubre, día del Rosario, salí a ver aves a la marisma isleña. Observé un grupo de flamencos en las salinas de Vistahermosa. Había varios a los que se les había puesto anillas de lectura a distancia, para poder identificarlos desde lejos. Las anillas son una especie de "matrícula" pues no existen dos iguales y, mediante las observaciones remitidas por todos los especialistas del mundo, es posible conocer numerosos aspectos de la vida de estas aves.

Armé el telescopio y observé con atención para tomar los datos. Había un flamenco con una anilla que tenía la inscripción 0/AAN. Era blanca con las inscripciones en negro. Muy llamativa para mi pues casualmente coincide con las iniciales de mi nombre, y mucho más singular pues recuerdo bien el día en que se colocó esa anilla, porque yo estaba.

Era la primera vez que acudía al anillamiento de flamencos en la laguna de Fuentedepiedra en Málaga, un referente en la conservación de la especie gracias al equipo liderado por Manuel Rendón. En ese espacio protegido, al final del período de cría, antes que los pollos del año aprendan a volar, se organiza el anillamiento de la nueva generación.

Aquel día, en agosto de 1997, al revisar la numeración de las anillas que iban a colocarse y darme cuenta de la coincidencia, pedí al anillador que le correspondía en turno la 0/AAN, me dejase intervenir en el proceso, cuestión que hizo de forma muy amable.

Tras la colocación de las anillas y la toma correspondiente de datos, fui a liberarlo, dejándolo en el suelo, con una despedida silenciosa a modo de, ojalá que volvamos a vernos.

Y ocurrió. Veinte años después, cuando el otro día pude observarla en Isla Cristina en las salinas cercanas a la casa de mis padres. 

Es una chica si, cuestión que se ha podido averiguar posteriormente gracias a otras observaciones de otros compañeros en las que han podido verla criando en la propia Laguna de Fuentedepiedra (Málaga) y en la Veta de Los Ánsares (Huelva). También se la ha observado en el Rocío o en Castro Marim. A continuación aparece alguna foto testimonial de la observación el pasado sábado y el historial completo de observaciones.

Cuando suceden estas cosas, cuando he podido observar el ave volar sana, cuando el historial nos da pistas de lo que ha sido hasta ahora su vida, cuando el cúmulo de circunstancias hace sentir cerca la magia, es cuando es necesario concluir que hay que trabajar, contribuir, poner todo el empeño, tener el máximo compromiso porque de todo ello, algo bueno, queda.