lunes, 5 de diciembre de 2016

La estúpida indulgencia a los semidioses de la pelota

Fútbol es fútbol. Esa es la gran mentira. Si alguien piensa que aquello va de dos equipos practicando deporte para llevar la pelota hasta la portería del contrario, que se baje de la nube, porque esto va de mercantilismo, dinero y negocio. Es, sobre todo, eso.

Son los medios, los canales de televisión, las sociedades anónimas deportivas, las marcas, las agencias publicitarias, los intermediarios y representantes, los sponsors, el merchandising lo que hace el fútbol, que aún necesitan de unos chicos aguerridos que corran tras el cuero.

Son todos esos los que fabrican héroes a los que adorar, son ellos los que diseñan una imagen pública de unas estrellas fugaces, encandiladas ellas mismas por la fama que les desborda. La luz es atrayente, el dinero llama el dinero, la fama llama a la fama y son centenares de miles de padres los que desean, por encima de todo, que un día su hijo esté allá abajo trillando césped.

Como si fuesen semidioses que transforman la venenosa serpiente en una palmera cocotera, clavándola en la arena, ponemos a los futbolistas por encima del bien y el mal, adorándolos por encima de todo. Defender eso no tiene nada que ver con disfrutar al practicar un deporte, con deleitarse siguiendo un deporte. En realidad, es la manifestación de una brutal pérdida de valores, principios y referentes.

No entiendo, estoy a punto de tirar la toalla, como en otro aclamado “deporte”. Creo que nunca entenderé, cómo, tras saberse que un futbolista pegaba a su novia, la afición lo aplauda y vitoree el siguiente domingo en el campo, no entiendo como ante la implicación de futbolistas en casos de fraude fiscal, el propio club lance una campaña de arrope y lavado de imagen. No entiendo cómo, el mejor motivo para presumir, es ir a los mismos locales de copas y prostíbulos que los futbolistas. No entiendo que la mejor opción sea comprar camisetas con el nombre del jugador, pagar entradas para aclamarlos, encender la televisión e inflamar las venas durante noventa minutos.

Más allá de tener una buena dotación física, más allá de qué algunos presuman de dar algunas limosnas, ¿Qué tienen que los haga ser referentes para la sociedad? La culpa, si nos empeñamos en llamarla así, desde luego no la tienen ellos, ni tan siquiera las numerosas personas y entidades que se lucran de forma insultante, no, los responsables son los que les siguen el juego, porque los alimentan a la vez que empobrecen nuestra sociedad.


Al llegar hasta aquí, no pocos repetirán. Fútbol es fútbol.