viernes, 16 de julio de 2010

La llegada de los críalos

Son demasiados los avances tecnológicos, los inventos, las herramientas y los procedimientos que el hombre a tomado de la naturaleza como para enumerarlos: técnicas de construcción, procedimientos de polinización, o toda la ciencia de la aerodinámica son contundentes ejemplos.

También las conductas, costumbres y argucias de algunos animales y plantas son reproducidas por la especie humana de una manera mucho más sofisticada, sibilina y cruel, pues hemos de tener siempre presente que los animales y plantas lo hacen como vía de supervivencia y como aprendizaje evolutivo de miles de generaciones. El hombre puede copiar esas pautas con el único objetivo de la codicia, la satisfacción personal o aún peor, movido por la envidia.

Entre esas prácticas copiadas, me resulta sumamente cautivador la actitud del que estudia y analiza el trabajo de otros para cogerse para sí los beneficios cuando la tarea dura y larga está ya hecha. Algunos de esos, tienen al críalo como gran maestro.

acía ya varios años que no los veía por Isla Cristina. Aunque tengo numerosas citas antiguas, hace unos diez años que no tenía constancia de su presencia en el término municipal de Isla Cristina. Así pues el primer motivo de alegría fue encontrar y constatar que especies tradicionales recuperan su hábitat, es signo de mejora de la conservación.

Para que el críalo se incorporase a este catálogo de pájaros, ha sido necesario que tres años antes llegasen las urracas y tres generaciones de las mismas hayan creado una población estable y sana en los pinares.

El críalo (Clamator glandarius) es una de las especies más interesantes de la avifauna ibérica. Además de bello estéticamente, tiene unos hábitos singulares y espectaculares desde el punto de vista conductual. Es migrador y llega a la península entre febrero y marzo. Le gusta los terrenos abiertos y tiene un reclamo muy llamativo, donde se encuentra es fácil de observar. Su faceta más cautivadora es su carácter de parasitismo reproductivo.

La urraca y el gran número de procesionarias del pino, su plato favorito, han sido los determinantes para que estos pájaros vuelvan a verse en la costa isleña. La presencia de urracas es fundamental porque el críalo lo que hace es colocar sus huevos en un nido de urraca para que sea ésta los que los incube y críe a los pollos. Para ello ha desarrollando un complejo mecanismo de parasitismo que va mucho más allá de la simple puesta furtiva de huevos en nido ajeno.

En primera instancia, los críalos vigilan a las urracas en su construcción del nido, visitando “las instalaciones” en los descuidos de la pareja urraca. Una vez que ya la puesta está hecha, aprovechan una salida de la madre, en varias ocasiones provocada por el macho de críalo que se ofrece a ser perseguido por la pareja de urracas para que mientras tanto, tranquilamente, la hembra de críalo deposite sus huevos.

Como añadidura, decir que son extraordinariamente productivos y nada celosos. Cada hembra de críalo puede llegar a poner entre 12 y 16 huevos que reparte en diversos nidos, varias hembras pueden también poner en el mismo nido, lo que provoca que a menudo dos y tres pollos de críalo se desarrollan juntos.

El críalo selecciona los nidos donde va a efectuar la puesta, procurando que la urraca lleve ya algún día incubando, el período de incubación del críalo es de 12-14 días, el de la Urraca es de 17-18 días. El nacimiento previo de los críalos hace que cuando nacen sus hermanastros, ellos están tan desarrollados que impiden que los pollos de urraca reciban alimento. La costumbre de los jóvenes críalos de mantener el pico abierto en una posición vertical, sin parecer sentirse saciados mientras los adultos están presentes o cebando, impide que sus hermanos adoptivos reciban siquiera el mínimo alimento.

Otro aspecto muy destacable es que, durante la incubación de sus huevos por la urraca, el críalo vigila la puesta y a pesar de las persecuciones continuas de que es objeto por alguno de los miembros de la pareja, que trata de alejarlo del nido e incluso lanzarlo fuera del territorio, aquél consigue en el mínimo descuido llegar al nido y destruir alguno de los huevos. No todos al mismo tiempo, lo que según el profesor José Antonio Valverde, acarrearía el abandono del nido y con ello la muerte de su propio huevo, sino poco a poco y con un sistema increíblemente astuto: sin producir daño aparente, pero provocando el que la urraca retire los huevos que observa faltos de peso o con grietas.

El resultado del esquema es obvio, la pareja de urracas, normalmente la más experimentada y sólida de la colonia, siendo usadas por los críalos adultos, saca adelante una nueva generación de críalos.

Aunque los críalos prefieren los nidos de urraca también se ha constatado su parasitismo en nidos de corneja, cuervo, rabilargo y hasta cernícalo y arrendajo, es decir, es capaz de aprovecharse de los más diversos y variopintos huéspedes.

En estos meses duros de recesión económica, muchos emprendedores están luchando muy duro para conseguir abrirse un hueco en el mercado. Mediante innovaciones y eficiencias organizativas, financieras y comerciales están consiguiendo sacar adelante su producto, su negocio. Deberían, desde ya, aprender a defenderse también de los críalos, no tardarán en llegar.

1 comentario:

Miguel dijo...

a todos nos gustaría ser tan listos como los críalos...