lunes, 15 de agosto de 2011

Símbolos


Tenía una profesora que solía decir, “con alumnos tan incompetentes como vosotros es para pegarse un tiro”. No se dónde estará, espero que en algún tranquilo retiro. Nadie le quitará que intentó explicarnos muchos detalles de la simbología, y la fuerza que puede llegar a tener un símbolo. Al menos mi clase no puede decir que nadie se haya tomado la molestia de explicárnoslo.

Creo que los símbolos son un nexo con la cultura, con el conocimiento, una herramienta muy potente de comunicación. Las primeras lenguas escritas se valían de símbolos para expresarse. Un adecuado uso de los símbolos es una puerta abierta a la belleza de la lengua, la prueba de esa inteligencia superior de la que tanto presumimos.

El uso de símbolos tiene que tener un fin y no ser un objetivo en si mismo. Tiene que convertirse en un vehículo de acceso a la estructura y la belleza de la comunicación y no simplemente un chisme que sirve para manejarse y alardear en sociedad.

Y es que el uso de símbolos en lugares públicos define el arquetipo básico de comunicación: emisor, canal, mensaje, receptor. La colocación de un símbolo en un espacio público tiene como objetivo ser leído e interpretado por uno o muchos receptores, que decodifican el mensaje, lo interpretan y actúan en consecuencia.

Han dibujado el símbolo de la imagen en un espacio público de mi pueblo, Isla Cristina. Rápidamente me ha venido a la cabeza mi antigua profesora, he tenido muy claro que el que lo ha hecho es el arquetipo de alumno incompetente que la hacía ponerse de los nervios. Es muy probable que el que ha dibujado el símbolo sepa poco de su contenido, de su significado y de lo que quiere comunicar grabándolo en un espacio público.

Tampoco su público objetivo lo interpretará medianamente bien. O quizás sí, y todos lean, igual que yo, que el contenedor donde se ha dibujado la esvástica es el lugar idóneo para echar todo aquello afín a ese fatídico símbolo.

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