miércoles, 4 de julio de 2012

La joya de la corona


La Laguna del Prado en la Redondela es una auténtica joya, una maravilla. Es tan cercana como desconocida. Sus valores naturales la convierten en un rincón único en muchos kilómetros a la redonda y su riqueza pasa demasiado desapercibida para el público general, incluso para los propios habitantes de la zona.
Su carácter es en sentido amplio, estacional. Cuando el año llega favorable y conserva la suficiente agua hasta la entrada del verano, sus apenas dos hectáreas húmedas desbordan vida,  es el único lugar donde se encuentra agua dulce de manera natural en muchos kilómetros de costa.
Está llena de curiosidades y singularidades animales y vegetales, incluso su propia historia geomorfológica es realmente interesante. En sus inicios no fue más que una ribera costera, al parecer una pequeña bahía en la que desembocaban los arroyos directamente al mar. El lento pero continuo modelado de la costa fue creando el sistema de marismas, antecesor del que hoy conocemos, y la zona del prado formaba parte de esa red marismeña, llegaron a explotarse unas salinas en ese terreno hace unos dos siglos.
La “reciente” construcción de las carreteras que unen La Redondela con Pozo del Camino e Isla Cristina, pero sobre todo la construcción de la línea férrea Gibraleón-Ayamonte levantaron auténticos diques de contención que impiden la salida del agua que aportan los arroyos del Prado y Valdeinfierno a la marisma. El tapón de la salida natural del agua de los arroyos ha creado la laguna tal como hoy la vemos.
La vegetación palustre de la zona es digna de estudio y elogio, prueba de ello son los interesantes trabajos realizados hace unos años por el profesor Pérez Chiscano, en los que comprobó que, además de las llamativas colonias de lirio acuático, carrizos y eneas, existen otras muchas de gran relevancia científica. Hasta cien especies diferentes de vegetales llegó a encontrar por metro cuadrado.
Esa vegetación, alimentada por el agua dulce de los arroyos es la que, a su vez, soporta, alimenta y da cobijo a la colonia de aves de la zona, la que sin duda otorga especial relevancia, notoriedad y valor ecológico a la laguna. Cuando las lluvias llegan pronto, y en los meses de diciembre y enero la laguna está formada, la comunidad de aves invernantes es un espectáculo. Anátidas y limícolas son las estrellas, y pueden observarse, según el momento, decenas e incluso centenares de patos cucharas, anades frisos, porrones, silbones, patos colorados, rabudos, zampullines, etc.
Pero es la primavera, y con ella la época de cría la que confiere a este espacio un carácter único. El agua dulce hace que acudan a ella decenas de especies que no encuentran el vital elemento en las marismas ni en la costa. Es visitada por los aviones zapadores, por los abejarucos, por los aguiluchos cenizos, por las espátulas, por las gaviotas, por las avocetas, por las canasteras. Las colonias de golondrinas comunes y dáuricas, aviones y vencejos tienen aquí su principal fuente de alimento. Y lo que es más importante, sirve de lugar de cría para azulones, fochas, cigüeñuelas, andarríos, cigüeñas y en los años excelentes, como está resultando el presente de 2012, acuden también a criar otras especies mucho más singulares como son el aguilucho lagunero, el calamón, el avetorillo, el martinete, el andarríos chico, el zampullín chico o la garza imperial.
Y en el más difícil todavía, como en el circo, este año se ha afincado en la laguna una nueva especie de la que no he encontrado citas previas, el morito común (Plegadis fascinellus), un tipo de ibis, que como lo describía la señora con la que compartí la observación “¡preciosos, preciosos!, son preciosos!”, era todo lo que le salía.
Aunque es bastante improbable que haya conseguido criar (lo comprobaremos en las próximas semanas), la sola presencia de la especie en la laguna otorga un nuevo aliciente, un nuevo y poderoso motivo para cuidarla, para conocerla, para valorarla. Si es que no había ya suficientes, claro.
Y como hay que ser ambiciosos, y soñar no cuesta nada, sueño con volver a ver en la zona a ilustres de antaño como la pagaza piconegra o los fumareles. Adecentémosles las casa, preparemos una fiesta de bienvenida.

2 comentarios:

tumbabuey dijo...

A mi me suena esa foto del morito...

Antonio Aguilera N dijo...

La foto del morito es cortesía de Pablo Ortega, tomada hace muy poco en la zona de La Janda.

Según el propio autor es una alegoría de la paloma de la paz. Me pareció la más oportuna para celebrar la llegada de la especie a la laguna del Prado.

Aprovecho para darle las gracias publicamente!!