lunes, 16 de julio de 2012

Sabemos que nos engañáis, iros!!


Solo hay una cosa peor que tomar el BOE como lectura de fin de semana y es preguntarse dónde está el límite de la lealtad. Me refiero a la de los señores De Guindos y Sáez de Santamaría. El viernes rayaron el fondo. En la rueda de prensa tras el consejo de ministros, entiendo que por lealtad al gobierno, engañaron de manera consciente a los ciudadanos.

Porque nos han engañado, porque nos toman por gilipollas, imbéciles y borregos. Porque poco tiene que ver lo que anunciaron el viernes con las reformas reales aprobadas en el consejo de ministros. De vez en cuando se les escapa algún reconocimiento de las barbaridades que están cometiendo, el ministro de economía lo reconocía a media voz “A corto plazo este esfuerzo por reducir el déficit puede reducir la actividad

Hablaron de una pequeña bajada de la base de cotización a partir del sexto mes y en realidad están criminalizando al parado cuando dicen que el ministerio  podrá suspender el abono de las prestaciones por desempleo cuando se aprecien indicios suficientes de fraude”. Si, indicios suficientes, sin que se requiera probarlo. No hablaron los ministros de la desaparición del subsidio para los menores de 55 años ni la rebaja en las indemnizaciones que pagará el Fogasa entre otras restricciones.

Medidas para luchar contra el fraude, para evitar una buena vida de subsidiado alega el gobierno. Mientras, un número demasiado alto de españoles le dan su verdadera dimensión al verbo pedir, ese que conjuga demasiado mal con la palabra dignidad.

Los parados criminalizados y marginados, los que aún conservan el empleo llevan mal camino también. El cuerpo de funcionarios puede ser uno de los colectivos más visibles para los medios de comunicación y la ciudadanía, los recortes que están sufriendo en sus retribuciones y en las propias condiciones de trabajo nos resultan notorias y ciertamente familiares, pero más gris es la situación del empleado de la empresa privada, y sin embargo es uno de los más castigados de facto en los últimos años.

A las bajadas de salarios, la pérdida de beneficios sociales, el aumento del horario y el empeoramiento generalizado de las condiciones de trabajo hay que unir el retorno de prácticas empresariales que se pensaban enterradas, esas que anulan vacaciones, esas que expulsan a las chicas en edad de ser madres, esas que llenan el pasillo de amenazas veladas y no tan veladas, esas que pueden resumirse en un “esto es lo que hay”, o un “te jodes”, o un “si no te gusta ahí está la puerta”.

Conozco sectores y puestos donde el descenso de la retribución económica es superior al 50%, además de no poder pasar gastos de transporte, haber suprimido los tickets de comida, incluso tener limitado el uso del móvil o el papel en la oficina. Son demasiados los que tienen reflejado en la frente el lema ese de que hay que aguantar, que cualquier cosa es menos mala que estar en casa sin saber cómo hacer para pagar los recibos y la hipoteca.

Hace meses que estoy sorprendido de la capacidad de aguante, paciencia, tolerancia, incluso, por qué no decirlo, de sumisión que estamos teniendo los españoles. Es cierto que la maquinaria propagandística funciona, y cala el mensaje de que son medidas necesarias, ingratas para todos, pero absolutamente necesarias.

No os lo creáis, de verdad, sed críticos, existen otras fórmulas, otros caminos, otras vías de generación de riqueza en un país con un potencial físico y humano increíble, precisamente ese que estas medidas de mierda se están cargando a base de limar la confianza de manera generalizada.

El jueves hay que salir a la calle, hay que expresarse de manera pública. Y también, el resto de los días hay que tomar partido, hay que decirles que se están equivocando, que ese no es el camino. Todos podemos cada día empujar un poco. Empecemos por decirles que no queremos a mentirosos como gobernantes: Gobierno Dimisión!!!