martes, 28 de enero de 2014

Coca Cola: Su ERE, su Valor Compartido


Los trabajadores de Coca Cola, bastantes de ellos afectados por un ERE que la compañía ha puesto en marcha en España, están divulgando el siguiente video:

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En el plano técnico, puede comprobarse como la capacidad de impacto del departamento de marketing está al servicio de la empresa y también al servicio de la plantilla puesto que forman parte de la misma.

Además de cuestiones de marketing del propio video, lo trascendental es el mensaje. En el vídeo se solicita que se dejen de consumir productos de la compañía mientras la dirección no retire el expediente de regulación de empleo abierto.

Tenga éxito la reclamación expuesta en el vídeo o no, los resultados siempre tendrán ingredientes negativos. Desde luego que es loable, lícito, lógico y necesario que unos trabajadores que vean amenazados sus puestos de trabajo luchen por ellos, máxime cuando pueden comprobar que resulta viable según los resultados de la propia compañía.

Esta gran empresa está aplicando una normativa laboral que desde hace un par de años ha roto su equilibrio legislativo  y deja muy dañados los intereses de los trabajadores. Ahora para iniciar un ERE, ya no hace falta un financiero o un abogado, con un creativo, basta.

Independientemente de este hecho, que los trabajadores soliciten que no se compren productos de la empresa acaba yendo de nuevo en su propio perjuicio. Si su petición no tiene éxito y no hay repercusión mediática, la apisonadora seguirá su paso a ritmo constante, pero si tiene éxito, no hace sino reforzar los argumentos de crisis comercial que ya argumenta la compañía, algún directivo avispado en busca de un plus puede incluso dar la idea de ampliación del fatídico ERE.

Hay un problema manifiesto de indefensión del trabajador en la normativa laboral española, y a Coca Cola la seguirán muchas otras empresas. Lo que también hay, y en mi opinión, esta es la clave, es un problema de fondo vital en el modelo empresarial que hace primar el beneficio a corto y los intereses de los accionistas por encima de todo lo demás. De los trabajadores, por supuesto, que acaban siendo meros instrumentos a los que se necesita, pero también se pasa por encima de clientes y de la sociedad en general.

Mientras el éxito de una empresa pase exclusivamente por una cuenta de resultados positiva que permita la distribución de beneficios, los consejos de dirección de las empresas tendrán claros sus criterios. Mientras no se les pida a las empresas que, además de productos y servicios aporten valor a la sociedad, generen riqueza a medio y largo plazo, establezcan una relación de respeto con el entorno y con la sociedad. Mientras las empresas sigan siendo unos agentes sociales individualistas, egoístas y cortoplacistas, situaciones como las de Coca Cola y tantas otras de menor dimensión se seguirán produciendo.

Frente al beneficio económico a corto plazo, limitante y frustrante para los agentes sociales que se relacionan con las empresas, es necesario asumir y poner en funcionamiento conceptos como el valor compartido, que según Michael Porter son “Las políticas y las prácticas operacionales que mejoran la competitividad de una empresa a la vez que ayudan a mejorar las condiciones económicas y sociales en las comunidades donde opera. La creación de valor compartido se enfoca en identificar y expandir las conexiones entre los progresos económico y social”.

Si se considera como premisa que sin una mejora social la generación de riqueza no va a quedar adecuadamente distribuida. Si se parte de la base que la función histórica, básica y aún hoy válida hoy de las empresas es satisfacer las necesidades de la sociedad, con seguridad el rol de las empresas en la sociedad cambiaría.

La sociedad está demandando, está necesitando este cambio, aquellas empresas que así lo vean y lo apliquen serán las empresas de éxito en el futuro.

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