lunes, 21 de septiembre de 2015

La falsa elección de las catalanas


La dicotomía a la que pretenden enfrentarnos es rotundamente falsa. Es falaz elegir entre ser catalán y español. Durante los últimos días he escuchado decir a varias opciones políticas de diverso signo hablar del divorcio entre catalanes y españoles.

No existe esa disyuntiva, es un artificio interesado que sólo ofrece problemas y ninguna solución. La realidad es mucho más compleja, y también más rica y poderosa.

Intentar encerrar el debate catalán y de identidad patria de estas elecciones en el sentido y el objetivo del independentismo, las ventajas del mismo, las virtudes por parte de unos, y la política del miedo, ejercida desde diferentes lobbies de presión de otros, menosprecia las inquietudes de los ciudadanos, de todos.

Acotar la cuestión a un precio económico, a un histórico de corruptelas partidistas, a la existencia de una lengua es insultante para los ciudadanos. Lo que el pueblo catalán necesita son modelos políticos que permitan a los catalanes seguir sintiendo y ejerciendo su identidad con libertad y amplitud de miras, para eso, se necesita algo más que un horizonte de campaña electoral.

El pueblo griego acaba de lanzar un mensaje brutal. Con la reelección de Syriza lo ha dejado claro. Se necesitan políticos que, con independencia de que sean David frente a Goliat, más allá de que se plantee retos complejos, lo realmente importante es que sean honestos y consecuentes. El ciudadano griego nos acaba de dar un descomunal ejemplo de madurez democrática, entendámosla y aprendamos de ello.

Un adecuado, gradual y honesto desarrollo del estatuto autonómico catalán. El despliegue de todo lo recogido en la norma, conducido de manera coordinada por Barcelona y Madrid sería un gran viento favorable. Sólo eso, otorgaría al pueblo catalán un recorrido que a buen seguro sería altamente satisfactorio en los próximos años, sólo hace falta que unos y otros quieran ponerse a hablar y trabajar. Se dice en Cataluña, se dice en Madrid, se dice en Andalucía: hablando se entiende la gente.

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