miércoles, 18 de mayo de 2016

Hacía la necesaria equidad

Tribuna publicada en el número 66 de la revista Valor Ecológico

El hombre es poderoso como especie. Hace mucho que su capacidad de gestión y técnica le permite moldear el paisaje. El hombre va rápido, muy rápido, tanto, que su tecnología está cambiando, alterando la dinámica natural de todo un planeta.

Somos tan poderosos, vamos tan rápido, que ha sido necesario poner en marcha mecanismos de autocontrol que pongan freno a este tren descontrolado del mal llamado desarrollismo. Para intentar frenar el cambio climático, la última cumbre de máximo nivel acaba de celebrarse en París, y, aunque debería haber sido más contundente y tajante, su resolución final lo deja claro: No puede se puede esperar más, las nefastas consecuencias del cambio climático provocado por el hombre están aquí.

El cambio climático acelerado por nuestra actividad en el planeta hace desaparecer especies cada día, modifica ecosistemas, mata hectáreas y hectáreas de territorio, el deterioro es continuo, progresivo y, en demasiados casos, irreversible. Falta perspectiva porque, siendo egoístas, debemos valorar que los afectados, en última instancia somos los propios hombres. No nos engañemos, la vida volverá a abrirse paso, de una u otra forma, los que perdemos somos nosotros. Porque la Tierra es finita, los recursos se agotan, la población crece, todo a la vez, todos los días. Podríamos haber superado ya el punto de no retorno, ese que, por mucho que hagamos no nos permitiría volver a restablecer los imprescindibles equilibrios naturales.

Esto, nuestros gobernantes lo saben, por eso estoy francamente defraudado con los resultados de la Cumbre de París, pues a pesar de tener encima de la mesa datos extremadamente preocupantes, no han conseguido acordar y poner en marcha medidas categóricas y obligatorias. Toman decisiones como si fuésemos la última generación del planeta. No están teniendo en cuenta, no valoran la calidad de vida de las generaciones venideras. Expresiones claramente ambiguas y laxas como “lo antes posible”, “aportaciones voluntarias” no deben ser admitidas por una sociedad cada vez más formada y concienciada.

Que aumente la temperatura media en el planeta 1,5 grados en este siglo, supone en lugares como el sur de la península ibérica una subida de 4-5 grados. En la práctica, se traduce en profundos desequilibrios y trastornos naturales, agrícolas, sociales. La mortandad de las abejas o las floraciones tempranas pueden convertirse en meras anécdotas. Los cultivos, la ganadería, los espacios naturales, el medio rural no va a poder ser como hoy lo conocemos. Tendrá que replantearse el regadío de miles de hectáreas, decenas de cultivos desaparecerán de sus zonas tradicionales, cientos de variedades locales y autóctonas se quedarán recluidas a los bancos de semilla y lo que es peor, no nos engañemos, sin posibilidad real de volver a ser plantadas donde surgieron.

Los ecosistemas naturales, desde los humedales costeros y las vegas, hasta la alta montaña, todos se verán afectados, según la Universidad de Connecticut, el cambio climático hará desaparecer el 16% de las especies del mundo. La última vez que sucedió algo parecido fue hace 65 millones de años, fue la extinción de los dinosaurios y un modelo del mundo.

La Fundación Savia acordó en su último patronato solicitar a los máximos dirigentes mundiales que se cree la figura del defensor de las generaciones futuras como instrumento para introducir en las estrategias políticas el concepto de equidad, idea y principio al que se debe dotar de fuerza moral y legal. Ese es el camino necesario si queremos un mejor futuro.

Tenemos que pensar en aquellas personas que pueden no ser coincidentes en el espacio y en el tiempo, debemos superar el concepto de bienestar y desarrollar el de equidad. Las generaciones futuras tienen un grave problema, que no consumen, que no votan, así que no las tienen en cuenta los mercados ni los políticos. Gravísimo error del que debe quitarlos la sociedad civil con su compra, con su voto, con su opinión, con su acción.
 
Puede leerse la revista completa en este enlace.

2 comentarios:

Noelia González Roldán dijo...

No aparece el enlace,por favor solicito lo incluyas,me interesa leer la revista. Y que decir del asunto,desde el protocolo de Kyoto de 1997,no se ha hecho nada. Todo el mundo escribe sobre los problemas,pero nadie da soluciones. En la última conferencia repiten cifras,como dato novedoso,que ya acordaron en la cumbre de Copenhague en el 2009. Dónde están las medidas?

Noelia González Roldán dijo...

No aparece el enlace,por favor solicito lo incluyas,me interesa leer la revista. Y que decir del asunto,desde el protocolo de Kyoto de 1997,no se ha hecho nada. Todo el mundo escribe sobre los problemas,pero nadie da soluciones. En la última conferencia repiten cifras,como dato novedoso,que ya acordaron en la cumbre de Copenhague en el 2009. Dónde están las medidas?