Contra el Progreso

Como te lo digo. Estoy durmiendo fatal. He descartado todas esas cosas del estrés, la ansiedad, las cenas copiosas, el desequilibrio de hormonas. He buscado en internet y he encontrado la explicación. Es la orientación de la cama. Que resulta que ponemos el cabecero hacia donde quede bonito, en el lado opuesto de la entrada, con la ventana al lado, pero claro, como el edificio está orientado en base a la cuadratura de la calle, eso puede suponer que estemos durmiendo con la cabeza mirando al nordeste, al suroeste, o vete a saber hacia donde, pero no hacia donde las leyes naturales marcan que es lo natural. Vete a saber, Ismael, la de gente que tiene desequilibrada la vida por el simple hecho de no saber por dónde sale el sol.

Sin darnos cuenta estamos destrozando todos nuestros lazos con los ciclos naturales y es normal que eso nos altere, nos cause trastornos, nos haga funcionar peor. Mira, por ejemplo, el inicio del año lo hemos puesto el 1 de enero. ¿A quién se le ocurriría? No sé en qué momento (lo buscaré), decidimos que nuestro año arranca en lo más crudo del invierno, en vez de comenzar, como sería natural, a mediados de marzo, cuando todo germina en nuestras latitudes, cuando brota la vida en cada rincón. Que tampoco es que esté yo inventando nada nuevo, que lo hacían civilizaciones muy antiguas, como los persas, que tienen en marzo su Nevruz. O los romanos, Ismael, que Marzo (Martius) se llama así por Marte, el dios protector de la guerra y la agricultura. Fíjate si la idea tenía fuerza, que el calendario romano llegaba solo hasta el décimo mes (diciembre). Que el invierno no tenía ni calendario. Lo mismo se refiere a esa idea la famosa frase de la serie “Winter is coming”, por referirse a que llega la época del frío, la oscuridad, la pérdida. Y nosotros, venga hacerles caso a los julianos y los gregorianos con esto del calendario, lo que marca el ritmo de nuestras vidas. Que si no fuese por los monjes aquellos que sacaron un disco, no sabríamos ni de qué color es el hábito.

Que no, que el hábito no hace al monje, ni el título al noble. Mírame que nadie me rinde pleitesía a pesar de ser el Marqués de Campo Ignorado y Duque de las Tierras Yermas. Hoy, con tanto republicanismo mal entendido y tanta bazofia y popularismo en las redes sociales, se ha perdido el respeto por todo. Quizás debieran los ricos hacer una revolución para que todos recuperemos la lucha de clases y la conciencia de saber quienes somos. Que estoy hasta las narices, te confieso, de tanto currante y microempresario echado a la extrema derecha. Serán los primeros en ser arrastrados por la corriente cuando los gobiernos se rijan más por la ideología que por el sentido racional y la ciencia.

Siempre es mejor mirar adelante que por el retrovisor. Por eso los propósitos de año nuevo, pero siempre siendo conscientes de que el gran reto es tener la fuerza de voluntad de llevarlos a la práctica, para que se hagan realidad, en vez de dejarlos acobardados y mustios en el cajón de lo que pudo ser.

Podría valer con algunos sencillos, y no por comunes, menos útiles, para alegrarnos la vida, que en eso consiste la cosa. Aprender a tocar la guitarra, cocinar, vida sana, mayor actividad sexual. Puestos a pedir, tampoco vamos a ser tontos. Mejorar hábitos. Ser más amables con los que nos rodean y nos encontramos, coger menos el coche… hasta podemos atrevernos con algunos más personales y singulares como aprender glíglico, o averiguar dónde está la salvación.

El caso es caminar por la vida de forma aspiracional para que merezca la pena el tiempo del que disponemos, a la postre, lo único que tenemos.

Acumular experiencias que amplíen nuestra conciencia, que nos ayuden a saber de nuestro lugar en el mundo. Un amigo me dijo, estuve a punto de pasar a la historia en el mundo de la tauromaquia. ¿No sabía de esa faceta tuya le dije? Bueno, contestó. El caso es que iba yo conduciendo y se cruzó Curro Romero y casi lo atropello.

O bien otro que me preguntó si había estado alguna vez en Sierra Nevada. Le dije que sí, que varias veces. Y ya me estaba preparando para argumentarle sobre mi oposición al enorme gasto público que se está haciendo en la estación de esquí dentro de un parque nacional en un lugar donde la nieve ya no es estable, pero su siguiente comentario me cambió el paso. Pero en el centro de alto rendimiento que está arriba. Le volví a decir que lo conocía. Pues bien, una vez tuve que subir allí a hacer una venta. Es comercial. Y en el aparcamiento, prosiguió, me dio por acercarme al borde, y allí me di cuenta de lo insignificantes que somos. Todo lo que alcancé a articular como respuesta fue un mantra: La montaña nos enseña mucho.

Porque no por manido, deja de ser malo eso de hacer balance. Sólo a modo de pequeña autoevaluación. Por aquello de dar vidilla a la autocrítica y tomar nota de lo que podemos mejorar. Yo, ya te confieso, que no he sacado (otra vez) el tiempo y el espacio que requiere la lectura y el estudio. Hay que seguir engrasados y cultivándonos. Aún así, me he podido leer más de una treintena de títulos. Algunos me han dejado huella, y otros, deberían ser lectura obligatoria. Seguiré intentándolo, te lo prometo.

Y también me he propuesto participar en un experimento que me parece muy estimulante. Anotar, cada día del año, la primera especie del ave que observe (que vea u oiga, claro). Así, al final del periodo, sabré cuan biodiversa es mi vida. Me parece un ejercicio precioso, de los que te obliga a levantarte despierto, receptivo.

Que hay que ser positivos. No caer en la pesadumbre. Si. Me he leído el ensayo de Slavoj Zizek que me recomendaste “Contra el progreso”. Se hace bola cuando gente tan preparada te deja mensajes tan duros, pero me agarro a las cuatro pinceladas de optimismo que tiene salpicadas. “La catástrofe climática es la necesidad histórica que debe empujarnos sin duda hacia la solidaridad global”. ¿Te imaginas que así sea? Me sentiría satisfecho si nuestros nietos enseñan dentro de unas décadas la enseñanza colectiva de que tuvimos que llegar al planeta al límite para adoptar como principio eso de la solidaridad global.

Pero ya te digo. Deja esas cosas tan existencialistas y échale un vistazo de vez en cuando a alguna websoseol. Que no nos oigan nuestros editores, pero ya te digo que son un pelotazo. Me estalla más la cabeza con ellas que con el juego del calamar. Historias brutales, apolíticas y con ingredientes de novela rosa, policiaca, ciencia ficción. Un pelotazo.

Cumple todos los ritos que quieras para entrar en el nuevo año con suerte, que no puedas decir que fue culpa de no echar el anillo en el cava, o por atragantarte con las uvas, o por no haberte puesto las bragas rojas. No haber votado con el pie derecho. No almorzar lentejas. Bañarte en agua con anís estrellado. Meterte bajo la mesa. Quemar tu lista de deseos. Barre la casa. Dale una vuelta a tu manzana.

Lo que quiera que sea que creas que te va a ayudar, porque seguramente será así. Y yo me alegraré inmensamente porque tu tiempo será más pleno. Todo lo que quieras para que nunca caigas en una repetición interminable del mismo momento interminable diferido e interminablemente diferido.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
🙌
Anónimo ha dicho que…
Muy bueno. Tendré que volver a leerlo.
Valle ha dicho que…
Me ha encantado! Yo tb empanada el año en primavera. O en septiembre, que es cuando de verdad lo empezamos. Sea como sea, con fuerza y valentía para seguir resistiendo la barbarie.

Entradas populares