El movimiento Therian
El movimiento therian me tiene loco, amigo. Personas que se sienten animales. Que se comportan como ellos y tienen los mismos gestos, hábitos, conductas. Quiero que esa idea tiene algo que ver un poco con el efecto halo de convivir con las mascotas. ¿No los has visto? Que sí, que hay chavales que van por la calle a cuatro patas y su amigo o pareja los lleva de la cadena. Y los que se identifican con un perro o un gato, suena más cercano, pero, los que se sienten que son delfines, ya tú me dirás.
Pienso en mi abuelo, que para él ya era un poco mágico eso
de hablar por un teléfono sin hilos. Si viera esta nueva tendencia, no quiero
ni imaginar cuál sería su reacción. Para no rayarme, quiero yo pensar que esto
es un poco de moda y espuma de las redes sociales. Porque digo yo que esto sobrepasa
eso de que se lleven los pantalones de campana, los pelos cardados, las chupas
de cuero o los bigotitos pencil. Que esto no va de ser choni, hotaku o pijito.
Me da que lo de creerse un animal es un poco más serio. Que está bien que cada
uno tenga la tribu que guste, que de todo tiene que haber en el campo, y,
llámame agnóstico, pero si a mí ya me parecía, por ilusionismo vivencial, muy
excesivo lo de los peluchistas, lo del movimiento therian se me sale de rango.
Si, echo de nuevo en falta a mi abuelo, que les daría un remo y un palangre y
los pondría a bogar hasta que se les ahogaran todas las tonterías.
Me ha comentado un amigo Ismael, con toda la discreción, y
te lo digo en confianza a tí, los planes de su universidad en materia laboral,
él es profe universitario. Van a reducirles la jornada laboral. Ya sabes, esa
corriente que hay de reducir el tiempo de trabajo. Otro asunto que si no se
cuidan bien los detalles será fuente de desequilibrios. Este amigo, profe, me
reconocía que es un privilegiado, que ya tienen bastante holgura, y que la
reducción de su jornada le resulta injusta. Sabe que, en demasiados casos, el
equilibrio entre lo que aportan a la sociedad y lo que reciben a cambio en
dinero y privilegios, está descompensado. Me dice que antes de implantar lo del
horario habría que hacer mejoras y controles en la productividad, mejoras en la
implicación y el compromiso, en poner cauces para que ellos, que tienen más
capacidad, se conviertan de verdad en llave de progreso pues ya hay muchos que
están demasiado acomodados y aunque existen valiosas excepciones, la
universidad en general está llena de estómagos complacidos.
En esto de la reducción de la jornada laboral, que ya está
funcionando en otros lugares, hay que incorporar el elemento cultural. Que
somos muy latinos, a mucha honra y orgullo. Y muy pillos, y maestros del
escarceo, Ismael. En España, si reducimos la jornada de 40 horas semanales a
37,5, aumentarían los costes laborales el equivalente al 1,5% del PIB, restaría
siete décimas al crecimiento medio anual durante ocho años y ocho décimas del
crecimiento del empleo. Es decir, seríamos menos competitivos, aunque eso sí,
seríamos más felices y tendríamos más tiempo para ocio y familia. La cuestión
es si el conjunto de la economía y el sostenimiento de los servicios públicos podría
mantenerse para seguir adelante con el necesario gasto público en servicios
sociales, o si, por ejemplo, el trabajador precarizado mejoraría más que
proporcionalmente su situación o volvería a ser el sufridor que no tiene más
jornada laboral que la que le marca el agotamiento. En España el reto es que esto
de la reducción del horario de trabajo no se convierta en un aumento de la brecha
social. Tú y yo sabemos que, en la práctica, esto es otro incentivo para los
opositores que ven que las condiciones son realmente dispares respecto si optan
por trabajar en la pequeña empresa privada.
Otro año más he tenido poca opción a Carnavales, los he
seguido casi en la distancia. Me sigue encantado con que sentimiento cantamos
eso de que nosotros no cumplimos años, que lo que cumplimos son carnavales. La
fiesta que sentimos más nuestra, porque es la invitación a la diversión, a
darnos la alegría que nos merecemos, pero sobre todo porque es la fiesta del
pueblo.
Me encanta el ingenio de los autores carnavaleros. De los
disfraces de burla y los reivindicativos. Se me abre el corazón cuando el
público corea las letras de crítica, de denuncia, de lucha de pueblo que se
sabe herido y robado. Siempre he sabido que si ese espíritu de progresismo y
saber de clase se extendiese más allá del miércoles de ceniza, otros gallos muy
diferentes cantarían en la tribuna política. No entiendo lo de la vena hinchada
un día, y la pleitesía al día siguiente. Quizás, Ismael, la explicación esté en
el propio origen del carnaval, creado por la Iglesia. Dejar que el pueblo se
desmadre unos días para tenerlos dolientes y obedientes después.
Para mayor paradoja, mira los ganadores de este año en
Cádiz. Coro, El Sindicato, toma ya, en el nombre le va la lucha. Cuarteto del
Gago, parodiando la falta de respeto a las montañas. La chirigota del Bizcocho,
y su crítica al postureo semanasantero. Y la comparsa del divino Bienvenido,
que desde antes que se abra el telón recuerda que la privatización de la
sanidad nos lleva al DSAS3. Si de verdad estamos con ellos, recordemos su
compromiso y hagámoslo nuestro en esta democracia intermitente en la que vivimos,
en la que la sociedad solo se expresa en el momento del voto.
Como los problemas vienen solos, nos llevamos todo el rato
buscando remedios de forma incesante. Ahora he sabido que, para el insomnio del
emperador Rodolfo II, tapizaban el suelo de su habitación con tallos y hojas de
hierba mora y de beleño. También ponían enfrente de la cama un lienzo empapado
en sangre de gato.
Puede que todos esos aromas tuviesen un efecto narcótico, pero digo yo, que en demasiados casos vamos a los síntomas en ver de ir a la raíz. Que lo mismo el emperador hubiese dormido mejor si no hubiera estado en la ruina y amenazado continuamente de muerte.
Es como cuando le echamos limón al marisco y el pescado. Una
antigua costumbre creada para tapar los malos olores de un género que no tenía
las mejores condiciones de conservación. El limón tiene como única función
aportar un sabor más fuerte que tape otros. Una costumbre que se perpetua a las
siguientes generaciones, aunque ahora gocemos de unos cuidados procesos de
conservación y un producto excelente. Lo mismo, cuando mucha gente se olvide
del limón, descubra el verdadero sabor del pescado y el marisco. Así somos,
Ismael, así somos. Poniendo siempre paños calientes y velos a los verdaderos
problemas.
He tenido varias charlas en las últimas semanas, con
personas que considero muy solventes sobre lo que cada vez más personas
consideramos, amenazas que están planeando sobre la democracia y los derechos
fundamentales.
Puede ser cierto que no tengamos una amenaza directa
inminente, pero estarás de acuerdo conmigo que si levantamos la vista y miramos
el panorama, no es para alegrarse, pero las medidas proteccionistas y sectarias
en muchas partes del mundo, incluida la UE, apuntan a que a la sociedad nos van
a ir apretando progresivamente, y ya sabemos, amigo, que en estas situaciones,
los que pagamos el pato somos los pobres y los trabajadores.
Mira las guerras que tenemos a las puertas de Europa, lo de
Ucrania iba a ser una semana y se han cumplido ya cuatro años. Ahora el
despliegue en Irán. Algunos dicen que ya ha comenzado la tercera guerra
mundial. No sé si nos veremos vestidos de camuflaje y cavando trincheras pero
lo que no te quepa duda es que esto nos toca y va a ser duro.
Los sociólogos vienen avisando, porque los procesos se
repiten, y lo del nacismo se cuajó en casi dos décadas, que a Hitler lo votaron
para canciller en 1933 y mira como acabó derivando en supremacismo y una
terrible catástrofe humana. Hoy se habla del auge del neofascismo que crece en
Estados Unidos y alrededor nuestra. A nosotros no nos hacen falta tantos ismos
para saber que esto hay que pararlo cuanto antes porque se destruye muy rápido
lo que ha costado décadas en levantarse. Te confieso que lo que peor llevo es
la ruptura del estado de convivencia. Las posturas maximalistas, creerse en
posesión de la verdad y no respetar al prójimo es un camino de desastre. Me
decía un alto funcionario del estado que el actual estado de confrontación
tiene todas las iniciativas sociales bloqueadas. Así que mira si nos está
saliendo cara la cuestión por el simple hecho de que no se consiguen avances
sociales.
Te dejo una foto de la costa de Huelva en la que los profesores Ruiz y Villegas, ubican la famosa barra de La Tuta a Levante del cerro del Berdigón, es decir, donde el Neptuno. Si, soy capaz de ver desde aquí tu cara de alucinado y pensando, si lo hubiésemos sabido antes, con la de horas que echamos allí. El sueldecillo nos vino genial en esos años para llevar los estudios adelante, que es lo importante y la vivencia de pasar todo el verano en la playa, pero sin tocar la arena y el agua, para nosotros queda. Qué paradojas, qué cosas. Beso grande, alegra esa cara que ya está aquí la primavera reventona.


Comentarios