Ormuz
Cuando nos hablan las noticias de oriente próximo, oriente
medio, a los que vivimos tan al Occidente, que casi nos caemos al Atlántico, todo
nos parece una gran nebulosa geográfica. La mayoría ya tenemos suficiente con
ubicar a Albacete, como para saber si Irán está tan lejos como para pensar que
no Volverán, permíteme el juego.
Así que como hay que buscar consuelo hasta en
las pequeñas cosas, esto de la guerra, tristes, tristes guerras, más allá de obligarnos
a pensar que cada vez están más cerca las bombas, nos sirve a todos como
lección de geografía. De repente, todos aprendemos a ubicar el Estrecho de
Ormuz y ser conscientes de importancia geoestratégica.
Me he cogido las fotos de cuando estuve por allí hace un par
de años, esa te la perdiste por aquello de tu alta dosis de prudencia. Te mando
un par de ellas, no por hacerte rabiar, de cuando pude asomarme a Ormuz y hacer
un selfie a volapié y alguna foto al pajarito deseado en los dos minutos que
tardó el todoterreno militar, ametralladora al aire, en llegar a nuestra
posición y decirnos, amable y contundentemente que de allí, nos teníamos que
ir. Te dejo también un amanecer en el desierto de Rub Al – Jali, ya sabes una
extensión de arena del tamaño de Francia, con dunas de 250 metros de alto, esta
sí, directamente para chincharte y decirte que la próxima aventura no te la
pierdas, que siempre es mejor vivirlo a que te lo cuenten.
He visto las imágenes de la detención de Serigne Mbaye y un tremendo escalofrío me ha recorrido el cuerpo. Policías de incógnito lo han reducido mientras salía tranquilamente de su casa. Policías que como elementos de su camuflaje lucían peinados fascistas, tatuajes fascistas, colguijos fascistas. Me produce profundo desasosiego que estos fascistas tengan la autoridad y las armas y comiencen a usarlas contra los ciudadanos porque, amigo, esto mismo empezó a suceder hace un siglo en Centroeuropa, lo que provocó que muchos intelectuales y empresarios de todo signo hicieran las maletas. Es terrible que las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado estén politizados, intolerable, porque, directamente, los inhabilita. Lo más peor, es que, como aquel sueño del que hoy llamamos loco dictador asesino, pujan por apropiarse del mundo entero. Ojalá reaccionemos ante los síntomas antes que nos coma la metástasis.
Ha llegado una innovación al sector del tatuaje que me ha
calado. Porque los tatuadores son artistas y empresarios a partes iguales. El
caso es que tenemos la idea general de que el tatuaje, algo que te acompañará
de por vida y habla de ti antes que abras la boca, siempre pensé que era, en
esencia, algo muy personal. Cada uno, cada una, tiene un motivo, una
explicación, una causa que lleva a la figura o letrero tatuado. Pues ahora,
Ismael, los tatuadores sacan breves catálogos con propuestas y ofertas. Algunos
estudios de tatuaje se especializan y hacen el mismo tatuaje decenas de veces.
Y, esto es lo sorprendente para mí, los tatuados, acuden al estudio con el
antojo de ponerse algo, aunque sin llevar una idea clara de que, para qué, por
qué, más allá de la estética. Abren el catálogo, o piden directamente que les
haga el que le han visto al amigo, amiga. Está bien por los tatuadores, que
sigue para arriba, está más regular lo que dice esto de nuestra sociedad. Y lo
digo desde el máximo respeto, claro, es solo la sensación de que todo se vuelve
cada vez más superficial.
Estuve en la concentración contra la guerra del otro día.
Sentí que te representaba, que ya sé que no ocupan cosas más importantes y no
pudiste estar. Volví a ver chapitas y tarjetas con el No a la Guerra, esa de
fondo de negro y letras en rojo. Me acordé cuando me abrieron un expediente por
llevarla en clase, hace unos años, cuando lo de las armas de destrucción masiva
que nunca tuvo Irak. Tristes, tristes guerras. Ismael, nuestro Miguel siempre
en el corazón,
TRISTES guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.
Tristes armas
Si no son las palabras
Tristes, tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes


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