¿Cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler?
No sé, Ismael, si estamos en una encrucijada, abocados a unas tablas suicidas, en un callejón sin salida, en un sistema de ecuaciones sin solución, o siquiera si el debate tiene sentido. Lo cierto es que todos tenemos una enorme colección de cosas que funcionan mal, de procesos de deterioro a los que nos cuesta sudores de sangre encontrarles sentido. Esta es la pregunta de cabecera que te largo, por si andabas por Babia (A la que por cierto tenemos que volver, a disfrutar del acentor alpino, el roquero rojo, el gorrión alpino,…, ve poniendo fecha).
La pregunta de cabecera te decía, ¿Cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler? Lo mismo unos cuantos teólogos acabaron sus días terrenales buscando una respuesta fiable. Ya sabes que la pregunta en realidad gira en torno a la idea de si los ángeles eran materiales o no, una cuestión irresoluta. Hoy la pregunta, tornada retórica, sirve de metáfora para plantear temas de debate carentes de sentido. Así, paseando la vista por la sociedad, de verdad que es para plantearse si estamos en un momento clave o simplemente en otra vuelta más de la noria, la que acaba dejándonos en el mismo sitio tras habernos mareado.
Es que, tristemente, la queja parece instalada en el frontispicio colectivo, pero, a la vez, como diría Galileo, eppur si muove. Porque, a lo mejor no tan bien como nos gustaría, no tan rápido, pero hay que reconocer que algunas cosas van funcionando, unas empeoran, pero algunas otras mejoran. En ellas tenemos que poner el foco y la esperanza. Iniciativas ciudadanas de responsabilidad social. Mira los colectivos que van a limpiar las playas y les ponen más colorada la cara a los bañistas. Mira las asociaciones de inclusión; los médicos, ingenieros, arquitectos, bomberos voluntarios. La respuesta está siempre en el compromiso social, en la voz del Pueblo, en la conciencia, en la colectividad, que es la mejor receta al individualismo atrofiante.
Te traigo el caso de Juan Lopez, Ismael. Qué profunda tristeza. Era médico, volvía del hospital de hacer un turno extra, voluntario, con ilusión a casa porque su mujer le había dado hacía pocos días la noticia del embarazo de su segundo hijo. En la M30 se encontró un pique entre otros dos conductores, de esos de los que todos tenemos varios ejemplos, los de la rabia que se desata amparado por el volante, la carcasa y el rugir del coche. De esos que nos saca lo peor de nosotros cuando al conducir nos aflora el desastre de vida que llevamos, corre la frustración por las venas y se traduce en pitidos, acelerones y agresividad gratuita al prójimo. Juan Lopez se encontró con un pique y el accidente que produjo le quitó la vida. Esto no sale en las noticias y me parece significativo, primero eso, que no sea noticia que alguien muera por volver a su casa por la conducta agresiva e infantil del vecino y me llama la atención, porque, al no ser noticia, se sigue produciendo a diario, y que en el momento más tonto nos toca a cualquiera. Esto es justo la cruz negra de la conciencia que te decía antes.
Después de pensar en contarte esto, vuelve
a aparecer la luz, acabo de leer a mi admirado Muñoz Molina, que en un artículo
también menciona el caso, lo titula “los petromachos”. Y si, esto de utilizar
los coches como arma de combate, es un temible desaliento. Me da que esto del
acelerador y el rugido del motor quedará como uno de las peores ocurrencias de
la revolución industrial.
Nos reconforta pensar que el amor es el motor del mundo, el que todo lo puede, lo que sana el corazón y la mente. Pero siendo honestos, Ismael, no es cierto. Lo que de verdad espolea la historia es el odio. Porque el amor hay que alimentarlo, hay que cultivarlo y necesita de generosidad, sin embargo, el odio se alimenta solo, se retroalimenta y genera actuaciones detonantes del cambio, negras muchas de ellas. Fíjate lo difícil que es encontrarte con alguien que de repente, te ame, y lamentablemente es más probable encontrarte con gente que te odia, así, sin conocerte, simplemente puede odiarte por algo que lleves puesto, por tu color de piel, por tu acento al hablar. No te digo nada si tienes cierta exposición pública, algunos se instalan en el odio por deporte.
Muchos podrían ponerlo en el currículum, aficiones: odiador. Si, el término se ha acuñado y asentado, “hater”. Las redes sociales los ha cultivado mucho, el escudo del seudónimo, la distancia y seguridad que proporciona internet les da alas. Estamos en una fase en la que ignorarlos no es suficiente. Es necesario arrinconarlos y denunciarlos. Porque estoy en la tesis de que un odiador es el germen de un acosador, de un violento, de un maltratador. No les podemos permitir ni una sola concesión. Tenemos que reclamar la fuerza y legitimidad de la convivencia, el respeto, hacer valer la ley de la gente de paz.
Los
darwinistas pensaban que la selección natural se había detenido en el homo
sapiens pues somos una especie que cuida a los enfermos y, por tanto, impide la
preponderancia de los mejor adaptados mediante la eliminación de los débiles
que es en esencia en lo que consiste la selección natural. Los genetistas saben
ya (sabemos), que la evolución no para y que de forma constante aparecen nuevos
genes y otros se vuelven recesivos o desaparecen. Asistimos hoy a un auge de la
celiaquía, están disminuyendo igualmente los genes que favorecen la acumulación
de grasa en el cuerpo. Lo mismo esto del odio es el resultado de un auge
genético al que hay que buscar tratamiento rápido y contundente. La wikipedia,
siempre adelantada a sus propios tiempos, ya está en ello, y contiene ya unos
amplios informes de lo que se han dado en llamar grupos de odio. ¡Lo que hay
que leer Ismael!
Quizás
ese odio que algunos acumulan es la materialización del enfado colectivo que te
decía. La sociedad está enfadada amigo, pero en general, estoy convencido de
que eso está muy lejos de desear la destrucción. Al contrario, quiere
tranquilidad, protección, seguridad. Lo saben las opciones políticas y lo
utilizan. Por eso mismo Trump cae mal, y nos irrita cuando lanza comandos en
países terceros y, ataca abiertamente a otros o a nosotros, con armas o leyes,
solo por el interés económico de unos pocos. Trump en el poder huele muy mal.
Por eso debemos estar atentos a los aduladores y emuladores de Trump, porque es
mala calaña.
En
medio de este temporal de filias y fobias, de extremismos y populismos donde
todos se acusan y todos salen y entran en el lodazal, la nacionaldemocracia,
vestida de guante blanco, ha sabido vender y posicionarse como la mejor
garantía de la tranquilidad y la estabilidad, buscando el voto de todos
aquellos que ante todo, no quieren que les calienten la cabeza, de los que ya
tienen suficiente con ocupar la cabeza en el partido del domingo, el coste del
alquiler del piso de playa, o encontrar el mejor bar para unos caracoles ahora
que estamos en temporada.
En
medio de todo este tangai político, donde lo más importante es el parecer que
lo que soy, me pregunto cuando perdieron el paso las opciones progresistas como
verdadera opción de gobierno. Aquellas que impulsaron los cambios sociales y
consolidaron los servicios públicos que hoy disfrutamos y que, como sabes,
nunca están consolidados. Me pregunto dónde está la Andalucía ambiciosa e
inconformista que se sublevaba ante los señoritos, que quería mandar en su
hambre. Me pregunto dónde está la idea del 4D en el que le dijimos al mundo que
no estábamos dispuestos a ser menos que nadie. Me pregunto dónde está la
inquietud por mantener la universidad pública, el médico de cabecera, el cole
del barrio, el ascensor social, la integración, la solidaridad. La lucha
constante que evite que, cualquiera, tu o yo, Ismael, en cualquier momento
inesperado, demos un traspiés y el sistema nos deje atrás. No me refiero amigo
a un sentimiento de clase, ni a enarbolar una bandera, ni a señalar a nadie
como perro judío que es un mal vecino. A veces solo hay que apelar a lo más
básico, a que cuando pensemos en el presente y el futuro, no seamos inmunes al
dolor.
Te
doy como cierre un capricho, que todo no va a ser siempre pedirte cosas.
Te dejo una imagen de piedritas, que se lo que te encanta ese mundo. Estuve en
el homenaje que la Asociación de Amigos de La Janda le hizo al grupo de
arqueología de la Universidad de Cádiz, el PAIDI HUM 812, cuya directora, Maria
Lazarich, ha fallecido recientemente. Fuimos a ver el yacimiento de las
Caheruelas, en una de esas visitas en las que necesitas ojos entrenados (como
los tuyos) para comprender lo que estás viendo. Como este caso, que ya habrás
identificado el dolmen, aunque haya sido deteriorado, quizás por un seísmo. A
mi me explicaron ellos, torpe de mí, ya sabes que únicamente me hubiese
detenido para ver si pudiese tener en uno de sus rincones un nido de collalba. No
te rías que te veo. Besos.



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