La extinción de las porfías
Te escribo hoy desde Torres de Albanchez. Recuerda, el lugar en la Sierra de Segura donde hacemos el Concurso de Poesía Rural, donde está el Bosque Poético en la Finca Bonilla. En estos días estamos aprendiendo de manejo de olivar ecológico, conociendo las preocupaciones de los agricultores, tratando de ser útiles para que consigamos productos de excelencia con manejos verdaderamente sostenibles. ¡Qué espléndida la sierra!, Ismael, que lujazo hincharse el pecho, la mirada, los oídos. Borbotones de vida por doquier. En estas semanas sí que la primavera está desplegando sus bondades, que hacía varios años que saltábamos del gris del invierno a la tostadora del verano. Da gusto los olores, el verdor, los trinos. Agricultores animosos que anuncian que se han activado los manantiales, redescubrir veneros, flores, insectos. Fíjate que, por estos barrios, hemos recuperado el vestuario de entretiempo.
Ojalá pudiese enviarte por aquí la sinfonía que se ha marcado la oropéndola, mi pájaro fetiche de la primavera junto al abejaruco. En algunos tramos, me parecía estar paseando sobre una extensa infusión de manzanilla, el manejo natural de la finca hace el suelo una alfombra, que ni el mayor Corpus Cristi. Ya sé que el perfil del Yelmo te lo conoces, lo mejor es ponerte un par de primeros planos de la vida. Estás muy presente en estos ratos conmigo, ya lo sabes, aún así, me gusta decírtelo.
En estos ratos te olvida del hormigón, de la gente trápala, te olvidas hasta del móvil. ¡Ah!, la pantalla del móvil llena de iconos. Pulsar unos abre la puerta a la distracción, otros, a la obligación. Vete al icono, pincha en el icono, la cabeza llena de iconos. Iconoclasta, plaf, como una erupción, se me planta delante el término.
Un iconoclasta, no es un adorador (nunca venerador) de iconos como pudieras llegar a pensar, Ismael, un iconoclasta es un rompedor de imágenes. En realidad, se define como iconoclasta a aquel hereje del siglo VIII que negaba el culto debido a las sagradas imágenes, las destruía y perseguía a quienes las veneraban. Entre el siglo VIII y IX, deberás saber amigo, se produjeron en el imperio romano de oriente, violentos movimientos de iconoclasia que, basándose en la interpretación literal de los Diez Mandamientos, prohibieron la representación de imágenes y atacaron e intentaron eliminar (como las dagnatio memoriae de las culturas orientales), figuras de Jesús, la Virgen y otros santos. Si visitas la Anatolia turca, fíjate en la eliminación de los ojos o el borrado completo de las caras en las pinturas de las iglesias.
A los iconoclastas actuales quizás los germine el potaje mental que es la fatiga de los iconos del móvil, o lo que aparece en la pantalla después de darle a alguno de ellos. Por qué no, a lo mejor está ahí la semilla de la saña de unos cuantos desalmados que se han cebado y descargado toda su aborrecedora agresividad contra un buen montón de carteles electorales. Que me ha llamado mucho la atención esa violencia gratuita y esa tergiversación de mostrar tus ideas políticas. Lo mismo han sido puros actos de vandalismo y punto. Pero vaya triste espectáculo recorrer calles y encontrarte destrozado hoy los carteles electorales, ayer y mañana el mobiliario urbano, las marquesinas de los autobuses, los jardines. Esa falta de civismo me hace pensar que siguen conviviendo con nosotros el eslabón perdido. En cualquiera de los casos, tristes noticias las de las violencias cainitas en nuestra sociedad. Y por otra parte, todo sea dicho, también hay que reconocer que bien que deberían mejorar el historial y hoja de servicios de los que aparecen en los carteles electorales para que acaben ganándose el respeto de la ciudadanía.
Porque, honestamente, sigo echando muy en falta eso que llaman políticos de estado. Esos que toman decisiones arriesgadas, pero fundamentadas en convicciones, que piensan en el largo plazo siempre por encima de buscar un aplauso inmediato, o un voto, y si te he visto no me acuerdo. Lo mismo es que no son tiempos de grandes gestas y eso hace que a muchos les valga con no meter en demasía la pata para mantener el puesto. Quien se mueve no sale en la foto suelen decir. Cuánta gente buenísima fuera de la política por no sufrir esa sobreexposición, por no querer someter a su familia al más que posible escarnio público. Cuánto mal ha hecho la jueza Alaya en Andalucía y en España. Esas decenas de personas, hoy exculpadas que se han pasado más de una década acusados, denostados, sometidos a un veredicto público alimentado por la barra libre de los medios de comunicación que han sangrado, mordido y descarnado hasta el hueso. Lo mismo llega el tiempo, amigo, de enaltecer el servicio público que supone dedicarse a la política. Un desempeño que exige compromiso, gran trabajo y un espíritu de generosidad admirable. Y poner todo tu conocimiento y buen hacer al servicio de tu pueblo. Lo mismo los partidos tienen que echar al contenedor todo lo que tienen bajo las alfombras y lanzarse a recuperar la confianza de la sociedad. Si, ya sé lo que estás diciendo por lo bajini. Qué bonito suena y que jodido resulta. Yo sé por dónde empezaría, por cortar el clientelismo, que genera bandos excluyentes y hondos pozos.
Lo dejo, lo dejo, que me caliento, pero este es un tema recurrente en nuestras charlas, no te lo quiero obviar, sabes que me resulta importante. Como lo del mal entendido corporativismo. Ese que lleva a compañeros de un mismo cuerpo, de una misma profesión a cubrirse unos a otros. Que no digo yo que sea malo el compañerismo, pero cuando se da el caso de que muchos medio pelo, o media frente, logran hacerse con un uniforme, madre mía, se vuelven los putos amos, y eso solo va en detrimento del servicio que prestan y acaba en el endurecimiento de la convivencia. Mira los conductores de autobuses o los taxistas, los profesionales del volante, no sé si tú también los ves, o es que soy un exagerado, pero yo veo algunos, que tiran por el suelo el oficio, que cometen incontables pequeñas infracciones, contagian al resto de conductores de su agresividad al volante. De verdad que invito a poner una hoja de reclamaciones en el autobús, o bajarse del taxi cuando cometan una infracción, no nos convirtamos en cómplices. Que digo yo que en la licencia no aparece lo de haga usted lo que le venga en gana. Y esos son los que deben dar ejemplo al volante, fíjate.
Más peligroso es el corporativismo en las fuerzas de seguridad, que suelen ser escenarios y momentos mucho más delicados. Que no digo que la inmensa mayoría sean ejemplares y que están sometidos a una importante presión, pero que también sabemos que a algunos se les sube la rabia, el odio y la xenofobia y se extralimitan, se sobrepasan, y eso es peligroso, muy peligroso, porque además se sienten amparados, respaldados, acompasados con los desalmados que están incorporando la violencia y el odio como si de algo natural se tratase. Que digo yo que más de uno debería echarle más horas a entender el calado de su función de servicio público, aunque eso le suponga el sacrificio de alguna hora de gimnasio.
Más que los análisis de realidad eran más divertidas las porfías. La de cabreos que han provocado, y lo que nos reíamos los que estábamos de espectadores. Eran los debates más entretenidos, en la barra del bar, en el banco del parque, en la comida de navidad. Dos gallitos (el pique estéril siempre fue masculino), encendidos por llevarse la razón en su conocimiento y argumento. Ahora van en declive, en proceso de extinción. A la más mínima disputa por duda, por desconocimiento, uno de los dos contendientes, o quizás un tercero que hace de bombero diligente, saca el móvil, hace la consulta, y asunto zanjado.
Algunos maestros, en el cole, nos decían que la calculadora nos iba a atrofiar la cabeza si acudíamos a ella para la más mínima operación. Qué dirían hoy si nos vieran que necesitamos indicaciones hasta para llegar al bar.
Dicen algunos tecnólogos y neurólogos, quizás untados por alguna corporación interesada, que nos hemos adaptado, que hemos incorporado la tecnología a nuestras vidas para no ocupar la mente con tareas que nos resuelve la máquina de forma rápida y segura y que eso nos libera para otras cuestiones, que el resultado que hay que considerar es que, nunca como hasta ahora, hemos sido tan activos mentalmente.
Ojalá tengan un buen cacho de razón, pero a mi lo que me duele es que, con certeza, tenemos un tremendo y creciente déficit de atención. No somos capaces de detenernos y profundizar en los temas. Pararnos a analizar. Nos estamos convirtiendo en unos frikis los que leemos cuatro páginas, o quince minutos de tirón sin hacer otra cosa a la vez. Si Dios sigue por ahí, que nos coja confesados, porque lo que si es cierto es que lo que permite avanzar a las personas y a la sociedad es la maestría, y para lograrla hace falta dedicarles más tiempo a los temas que los que emplean los generadores de contenido virtual, que esos si que son una panda de frikis con plazo de caducidad claro. ¿A que esto no me lo porfías?
Que si, que sí, que se te ha quedado flotando el canto de la oropéndola, no es para menos. Te confieso que para mí está en dura pugna con el maravilloso concierto de violín con el que nos deleitó Lozakovich del otro día. Échate al campo y disfrútala antes que apriete la caló. Besos,



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