Un vividor

La ambivalencia del lenguaje, las diversas acepciones de las palabras me hipnotizan. Siempre me encantaron los chistes que juegan con el doble sentido para disparar la risa. Es muy divertida también la cara de desconcierto de los extranjeros cuando no pillan la broma. Cierto es que, en demasiadas ocasiones, los dobles significados son el origen de broncas tremendas, gajes del lenguaje. Quizás, por ese juego socarrón que en el sur adquiere niveles catedralicios, hemos aprendido, siempre por si acaso, a reírnos de nosotros mismos.

El doble sentido, por aquello de la malicia genética que atesoramos, hace que la primera acepción que nos venga a la mente, la que tenemos en el subconsciente sea la mala. Eso requiere que a menudo tengamos que aclarar la intención del uso del término, especificando que lo decimos en “el buen sentido”. Por ejemplo, decir que Soy un Vividor, (que lo soy) requiere desarrollar que soy un vividor, en el buen sentido. Porque vividor, aunque en el diccionario de la RAE aparece como la cuarta acepción, cuando decimos vividor, en la que primero pensamos es en alguien: “Que vive a expensas de los demás, buscando por malos medios lo que necesita o le conviene”, o sea, un aprovechado, un parásito, un vivales, un gorrón, un sablista, un frescales, un sacacuartos, un abusador, que a sinónimos no nos gana ningún idioma.

Por eso hay que decir, vividor, en el buen sentido, es decir, alguien que aprovecha la vida, o en sentido riguroso, como dice la RAE “Que vive la vida disfrutando de ella al máximo”. En este caso, la academia solo nos ofrece un sinónimo, disfrutón. Bienvenido sea.

Viene al caso lo de vividor por una mala noticia de la que me enteré antié, como decimos en el pueblo, relacionada con la otra cara, la de la muerte. Ismael, tengo que darte la mala noticia de que nuestro amigo Raúl, se nos va, le dan poco tiempo. Hablé con él y me dijo que está tranquilo porque siempre ha sido un vividor, y esa es la mejor preparación para la muerte, haber vivido intensamente. Siento ser portador de malas. Llámalo, le gustará, te servirá. O mejor, ve a verle.

Jeje, No te enfades, que he utilizado el leísmo sabiendo la rabia que te da. Grosero leísmo, por cierto, es el que gastan nuestros amigos centralistes, como si de un rasgo de clase (destartalada), se tratara. Más que distinguirse como clase privilegiada, lo mismo sería más conveniente que se tratasen medicamente lo de la falta de respeto, lo digo, oportunamente, ahora que estamos en fechas del orgullo. Qué importante sigue siendo guardar respeto, qué importante, Ismael.

Hablando de orgullo, tanto que lo estamos de Doñana, pues ardió, de nuevo, intencionadamente, en los días del Rocío. Vaya situación tropical. Ha dejado estampas memorables, inéditas, inauditas. Romeros cantando salves con la columna de humo de fondo. Fiesta y tragedia. Las hermandades del Rocío volviendo por la orilla de la playa. En un mismo encuadre, bikinis con cara de desconcierto, y tractores tirando de familias con todos sus arrestos a cuestas. Si no fuera por los trajes de colores y la sonrisa de las caras, la sensación de desamparo en el peregrinar por la orilla, me pareció la misma que la de los Palestinos huyendo por la playa de los bombardeos israelíes sobre Gaza. Qué extravagancias las de la vida. Asociar imágenes e ideas de esta manera me hace estallar la cabeza.

Con esto del bombardeo. Ya ha empezado otro en las teles y radios. Se acerca el mundial, y la maquinaria publicitaria calienta el ambiente. Esto del fútbol es una industria consumista fabulosa. Andan los chavales, y los no tanto, aprendiéndose equipos, sedes, nombres de jugadores. Y comprando merchandising. En España promete convertirse en el ídolo nacional un joven catalán, Jamine Yamal, es muy bueno. La paradoja cuando corean su nombre es que, en esto de crear héroes nacionales, deja de ser relevante el origen, el color de la piel, la religión. Los mismos que vociferan y prentenden hacernos creer que la inmigración es un problema, adoran a Yamal. Ponerse ante el espejo es un bendito ejercicio. Igualmente habría que ser justos y reconocer que sin los emigrantes, el sector de los frutos rojos en Huelva no sería viable, ni el del olivar. Ni la economía del sureste peninsular. Ni la economía doméstica y de los cuidados. Yo los miro y solo veo gente que quiere salir adelante en la vida dignamente, trabajando y aportando a la tierra y la sociedad en la que viven. Que ocurrencias.

Saltan los jugadores al césped y me viene la imagen de los gladiadores. Por cierto, vaya peli buena ha vuelto a hacer Scott, no te la pierdas. Los gladiadores en cualquier otra actividad serían denostados, maltratados, marcados, esclavizados. Pero en la arena son héroes que alcanzan la gloria a base de sangre. Sabes Ismael, tampoco han cambiado tanto las cosas al fin y al cabo desde el imperio romano. Hipocresía, poder, ambición. Falta de respeto a los otros. Que triste que siempre haya otros.

Bueno, algo si ha cambiado desde el Imperio Romano. Ellos eran muy politeístas y ahora, presumimos de mono. Digo monoteístas, no seas mal pensado, que lo de monógamo no iba a decirlo, con lo de moda que está el poliamor. Digo monoteístas porque la religión coge más fuerza que nunca, mira las masas que mueven los patriarcas religiosos. Las ciudades compiten porque pasen por ellas su gira, conscientes del negocio asociado. Con el escudo salvapatrias de la religión, por supuesto.

En una jornada de campo hace unos días, recalé en el almuerzo con un médico aficionado a las teorías conspiranoicas, de los que creen que la deriva del mundo se rige por una trama sionista todopoderosa. El tipo era/es muy inteligente y astuto. 

Macaco con vaina de guisantes
Me dijo que tomar aceite virgen extra ecológico es como practicar una religión, pero que teníamos que tener cuidado, porque todas las religiones son, en esencia, engaños creados para aliviar la ansiedad del ser humano. Recurren a la ficción y a la hipocresía para endulzar y glorificar la muerte. Todos son mentiras y propagandas. Ahora bien, tener fe, añadía, es esperar sin dudas, es estar convencido de lo que no se ve. Se puso muy grandilocuente, y antes de pinchar la rica Zopa Tostá, sentenció: Aquellos que crean en mi tendrán la salvación. Imagíname deseando que llegara el postre…

Lo que hay que oír, Ismael, lo que hay que oír. Hoy es el día del medio ambiente. Siempre nos queda la duda sobre si tildarlo de celebración o de reivindicación. A lo mejor porque aquello del medio y del ambiente hace rato que se nos gastó de tanto usarlo, y a muchos nos suena como si hablásemos de un tipo de bar de medio pelo, de los que no llegan a ser ni bares de ambiente, que molan mucho. El caso es que hay que seguir insistiendo, porque los cambios son lentos o no llegan. Mira que la tribuna que nos publicaron en El País hace unos años con este tema, sigue más valida que nunca: Yo, ya, la biodiversidad, ella allá.

Sabes que soy muy mal titulista, pero con esa, metimos el dedo en el ojo. Cuando se publicó, nos cogió en Barcelona, hablando del Antropoceno, tan nuevo en aquel entonces, que valiente el editor Ricardo González el de Utopía, permitiendo el título del libro. Estábamos en Barcelona como recuerdas. Actos de presentación del libro, entrevistas del día del medio ambiente. Y nosotros, que para confortarnos y morder la realidad de la barbarie humana hecha guerra contra niños en el patio del colegio, nos pegamos a las muescas de Sant Felip Neri. Seguimos, claro que sí, y seguiremos, que bien merece la pena la esperanza y el amor en esta cruzada.

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