El optimismo de la voluntad
Para que después me digas que las palabras por si solas no tienen poder. Mira un ejemplo. Remoloneo. Pronúnciala en voz alta, Ismael. Te das cuenta de que es una palabra envolvente, gatuna, erótica donde las haya. Remoloneo. Ya me reconocerás que nada como remolonear en las primeras luces dejando entrar el aire salino. Deshojar la margarita del café, el baño o el sexo, o solo rifar en los dibujos de la yesería el orden en que llegará cada uno.
En una vida que nos lo da todo, pero nos roba el tiempo, lo de remolonear se convierte en el codiciado deseo de las vacaciones. Remolonear y caprichos, que a veces es la misma cosa. Así que no te culpes por remolonear y por dejar el teléfono en no molestar, que nada, salvo que yo te escriba, jejeje, es urgente.
A mí, ya lo sabes, lo de pararme un rato, me lleva a pensar. Que la chirola siempre la tengo rumiando. Me da por pensar en las cosas gordas que nos pasan y de las que, si no aprendemos, peor nos irá. El análisis, Ismael, tenemos que comenzarlo desde el pesimismo de la razón, pero lo tenemos que concluir con el optimismo de la voluntad. Mira un caso concreto. No hemos logrado interpretar correctamente el terrible desastre que ha sido la DANA de Valencia de Octubre del 24, porque el golpe ha sido, fundamentalmente, en vidas humanas, pero no podemos obviar que existe una fuerte conexión climática y ecológica vinculada a la tragedia de Valencia, y de Los Gallardos, y de Aiguamúrcia, y de Fontainebleau, y de…., y, por supuesto, al modelo de vida que llevamos que acaba generando colapso.
Digo que no interpretamos correctamente el desastre porque, lamentablemente, no es un hecho aislado y cada vez será más recurrente. Mira que los expertos ya nos están avisando que El Niño que viene en 2027 nos va a poner contra las cuerdas, que nos va a hacer adultos de golpe, que con ironía dice Valladares. El optimismo de la voluntad es el que nos tiene que motivar a prevenir los siguientes, y en eso todos podemos contribuir, simplemente reflexionando sobre nuestro estilo de vida. Porque un terremoto, una erupción volcánica escapa de nuestro alcance, pero lo del cambio climático tenemos que asumir que es un daño autoinfligido.
Lo jodido es que el sistema que nosotros mismos alimentamos, nos tiene tan atrapados que tiene capturado todo nuestro tiempo. Salarios justos para llegar a fin de mes y estar en la rueda del consumo que nos han vendido como imprescindible para estar integrados socialmente. Jornadas maratonianas que no nos dejan espacio para la reflexión. Para la somera lectura. ¿Sabías que la inmensa mayoría solo lee titulares? ¿Qué las redes sociales que triunfan son solo las de imágenes y reels? Déficit de atención colectiva, pero lo que es peor, enmarañados en las redes del populismo porque al no pensar por nosotros mismos, compramos lo que nos ponen por delante.
En nuestro pueblo, el personal cuando se agobia se va al
filo del muelle, que eso parece que alivia, libera, reconforta. Saberse en el borde
del mundo espolea la mente. En los pueblos con muelle, es un calificativo de
prestigio que te apoden capitán. Buenos días, capitán. Se le saluda, capitán.
Otorga al protagonista un rango muy alto. Los capitanes tienen una enorme
responsabilidad, de sus decisiones depende el éxito de la pesca, y en
innumerables ocasiones, la vida de su tripulación, de su gente. El peso de ser
capitán es grande, nadie, ni ningún papa, ni ningún rey manda más en el barco
que el capitán. Un barco en la mar sí que es realmente una república
independiente. En la inmensidad del azul todos miran al capitán, esperan, todos
acatan sus órdenes.
Me acuerdo ahora de algunos de ellos, Ismael, porque ese
peso tiene que resultar aplastante cuando no llega la pesca. Y la pesca está
siendo escasa para la gente de la caballa. Ojalá cambien los vientos y entre el
pescado, que muchas familias se juegan el pellejo cada día y no están sacando
ni para los gastos. Que el mundo sigue, por mucho velo que nos pongamos en los
ojos, muy mal repartido, y el patio cada día está más revuelto.
Del patio se dice que es el espacio clave de la casa mediterránea.
No es un invento nuevo pues numerosas civilizaciones lo hicieron escenario
clave de sus construcciones. Sabemos del ayle de los griegos, sabemos del atrio
y el peristilo romano, pero fueron los musulmanes los que más lo enaltecieron
como elemento funcional, que es delicioso escuchar el rumor del agua bajo las
alquerías. Lo hicieron el eje del recinto y era lugar preferido, casi
religioso. Celosamente guardado, no se veía desde la calle, oculto tras la
segunda puerta, tenía plantas, ornamentos, fuentes. En ellos sonaba, suena, la
canción del agua, con los pájaros haciendo de improvisados solistas y coristas.
El jardín del patio se afanaba en ser presunto trozo del paraíso, con un
conseguido resultado hedonista ligado a lo trascendente, no en vano, paraíso y
jardín son la misma palabra en árabe clásico.
Algo de todo eso debió inspirarnos la candidatura de Eduardo
Diz y su proyecto “Patios Andaluces frente al Cambio Climático” a los que
formamos el jurado del premio Ezequiel Martínez para jóvenes investigadores,
porque se llevó el galardón. En su propuesta, añade al paraíso clásico que es
el patio, una función de sostenibilidad, esencial en estos tiempos, pues con su
trabajo ha demostrado que es la mejor receta para amortiguar la temperatura y
reducir el consumo energético.
Ahora que digo lo de la energía. Lo de la albahaca me tiene
consumiíta toda la energía. Lo que me cuesta cogerle el pulso a la albahaca, no
consigo que ninguna de ellas me aguante. Hay que ver lo que te envidio con la
buena mano que tienes con las plantas. Ya sé que me dices que no hay secreto,
que consiste en observarlas y tratar de entenderlas para darles lo que
necesitan. Pues yo, a la albahaca no la entiendo, con lo que me gusta echarle
un par de hojitas a la ensalada de legumbres, que no te pienses que la utilizo
como antiguamente, cuando las colocaban en las ventanas como discreta y olorosa
señal de mancebía. Quita, quita, a mí, con que aleje los mosquitos, y regalarme
un par de hojas como condimento ya me vale, y para la vista y el olfato, claro,
que bien bonita es.
En fin, socarrón, ponte a la sombrita estos días que son los que más aprietan del año. Si, si, te lo digo en tono cariñoso, que siempre tuviste un humor un poquito ácido que había que masticar despacio para entenderlo, que tienes tú mucho mundo interior. Por cierto, te compré y te la tengo guardada, un poco de piña del Sáhara, que sé que te gustan las cositas frescas y dulces, sobre todo estos días.


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