¿Y tú? ¿De quien eres?
Nos identificamos con pocos lugares amigo, cierto que nos sentimos a gusto en muchos espacios diferentes, pero a la hora de sentirnos en casa, son pocos los rincones con los que asociamos nuestro carácter e identidad. Tú sabes, la idea de lo que somos por de donde somos. Fíjate que es una de las preguntas más repetidas para conocer una persona siempre es, ¿de dónde eres?
Me fijo mucho en la respuesta a esa pregunta. Porque marca
claramente el orgullo y la fuerza de Pueblo. Yo lo suelo preguntar mucho a la
gente venida de lejos. Dicen, de Perú, de Bolivia. Es todo lo que suelen
precisar. Nuestros hermanos del sur suelen decirme, de Marruecos, y yo les
insisto, pero de dónde de Marruecos, y todos dicen, de Marrakesh, de Xaouen.
Mienten, Ismael, mienten. Esas dos ciudades se hubiesen quedado ya vacías si
todos los que están en Europa procediesen de allí. La realidad es que suelen
ser de pueblos muy pequeños cercanos a esas ciudades, pero te dan esa
referencia para que puedas ubicarlos. Igual que nosotros no decimos el nombre
de nuestro barrio o nuestra aldea, no decimos que somos de La Vera Abajo o de
Urbasur cuando alguien nos lo pregunta a miles de kilómetros. La respuesta más
habitual es, de Huelva, de Andalucía. Por una simple cuestión de asociación de
conceptos, cultural y geográfica. Porque consideramos innecesario precisar más
y que la respuesta siga dando lugar a otras preguntas.
Con todo, sacar la patita es bueno. Los gaditanos son los
mejores, prueba a preguntar. Todos te dicen, soy de Facinas, de Benaocaz, de
Jimena. Se identifican claramente, presumen de pueblo. Y si hace falta, lo
explican, y amplían el marco de referencia, pero no al revés. Colocar el
espacio con el que te identificas en el mapa, cuenta muchísimo.
Me acuerdo cuando empezamos a organizar la fiesta de la
almendra con los vecinos de Los Laneros. En una de las primeras reuniones, me
dio por consultar el teléfono, el Google maps, para estudiar la información que
me ofrecía el sistema. Busqué “Los Laneros” y la pantalla me llevó, como única
referencia, a México. El lugar en el que estábamos, en el altiplano granadino,
no existía para la realidad digital, así que me puse a pelear con la aplicación
y tras varios filtros, explicaciones y verificaciones, conseguí dar de alta la
población en el sistema.
Sirve desde entonces para que funcionen los navegadores del
coche, pero a incorporado al pueblo al mundo digital, y según me cuenta la
gente de allí, tiene diversas utilidades. Estoy convencido amigo que estas
trivialidades son muy valiosas en estos tiempos de globalización pues nos trae
a la vida cotidiana la diversidad social que en realidad somos, una suma
infinita de procedencias que cuajan caracteres, culturas y saberes. La suma de
todos ellos es lo que nos permite salir adelante.
¿Has visto? La de solidarios que han crecido en los últimos
días con Ceuta, que alegría. Lo que pasa que son casi los mismos que hasta
anteayer les daba una tirria enorme coger el ferry para conocer la realidad de
la ciudad.
A todos esos, Ismael, y a otro puñado más que no se
pronuncia pero al que el runrún mediático se lo hace pensar, los llevaba yo a
la frontera del Tarajal a que tengan una verdadera experiencia religiosa. Por
cierto amigo, hace ya casi treinta años que la cruzamos por primera vez, y
desde entonces, decenas de veces.
La de horas que hemos pasado en esa explanada de cemento, en
esas colas interminables en las que la gendarmerie se lleva tus pasaportes y te
hace esperar al sol por el gusto de querer ponerte nervioso, y mientras tanto
viendo el trato vejatorio, despótico, de abuso de poder verbal y físico con la
gente que trasiega. Ver como otros meten un billete en el pasaporte y cruzan la
frontera en pocos minutos, los paseos del teniente con la porra como las
antiguas películas de Chaplin. Que nos desarmaran el coche, que nos amenazaran.
La de veces que nos hemos lamentado por tener tan cerca una de las peores
fronteras del mundo y que, para colmo, fuese nuestra.
Que lo peor llegase cuando cruzábamos y comprobamos que en
unos pocos metros pareciera que nos hubiésemos cambiado de planeta. La maravilla
de la cultura musulmana de alegría, colores, sabores. Y la realidad, lúgubre, triste,
miserable de la orilla fronteriza en Castillejos, que hasta ellos siguen usando
el nombre de cuando fue colonia nuestra. Que cuando te crees curado de espanto,
más doloroso estuviese a unos kilómetros, en las montañas de Belyounech, donde
los negritos boquean esperando que les digan que pueden correr una noche hacia
Dalia.
A todos esos que se parten el pecho por Ceuta les daba yo un
paseo por Benzú, y por la costa de Ksar Sghir, para que vean lo que hace la
dictadura marroquí con su gente y su territorio, que en pocos años ha montado
Tánger Med para dar entrada a toda la mercancía asiática que se mete en
camiones y pasa en ferry a Algeciras, aprovechándose del tratado Marruecos-UE,
ahorrándose millonadas en aranceles que se queda la corona alauita.
Las televisiones nos martillean con la playa del trampolín,
almadrabera para más señas, pero tú y yo sabemos que la guerra de intereses que
se está jugando solo utiliza a esa gente en beneficio propio. Lamentablemente el
ardor guerrero de ciertos godofascitas solo atiende, tristemente, al mezquino arrebato
del tercio legionario heredero de Astray. Tan listos que nos creemos, tan
formados e informados, y tan obtusa nuestra capacidad para formarnos una
opinión con sentido.
Justo uno de los objetivos básicos, el de formarnos opinión,
de las jornadas sobre el sector de la pesca de la caballa que hemos celebrado en
el hotel Smy de Isla Cristina, de la mano de Asprocasur, la asociación de caballeros
de la mar. Vaya semana intensa, niño. Qué de cosas aprendimos, que buenos
retratos se han hecho algunas personas e instituciones, unos para bien, otros
para no tanto. Si te apetece, están los videos en redes. Lo que te decía antes,
que, si no ponemos en valor lo nuestro, nadie lo va a hacer.
Porque, me queda la impresión, que cuando nos ponemos a
charlar de estas cosas, es como si tuviésemos una mala digestión, como si nos pusiéramos
el gorro de viejos cascarrabias, porque siempre nos entra un poco de resquemor,
como si fuésemos unos raritos, como si hubiésemos desterrado al sentido común
del grupo, como si todas las obviedades estuviesen en cajas cerradas, como si fuéramos
unos lunáticos.
Te dejo de vuelta, por lunático que eres – magnífica, la tuya es magnífica - una fotico del eclipse de luna.
Me fui al medio de la marisma, para quitar contaminación lumínica y para rodearme de limícolas, que bien tiernos son en medio de la noche. Ahí que hice el apaño de móvil + telescopio y salió una serie simpática. Mira el bombo y platillo del eclipse de sol y este, quince días después de luna, tan bello como ignorado, las cosas de las horas intempestivas y el business. Que el bello mes de septiembre y la luna en Virgo te sonrían.


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