El Padre de todas las Sylvias

Vaya lío que montó la otra noche un Pájaro que se coló, con una guitarra, en los jardines del Alcázar. Va, se coloca en la percha, se le calienta el pico, y enlaza a Falla con Tarantino, y de ahí a Silvio. Como si fuese el padre de todas las Sylvias. Que flipada Ismael, que flipada. Ya te digo yo que nos quedamos todos flipando, que me pareció ver a la Thurman bailando por la galería alta, y que los pegotones de los grutescos murales de Vermondo Resta, se creyeron por un momento rosas del Palau de Domènech. Qué maravilla, de verdad, que delicia, hasta acabamos cantándole a todas las devociones marianas de Sevilla, que no hay nada como un Pájaro de especie endémica para disfrutar de las primeras horas de la noche de la Sevilla auténtica.

Una pena que no tengan los autores más genuinos mayor proyección. Siempre fue cruel el mercado con el arte más puro, porque el artista es inspirador, y sobre todo, generoso. En el mundo editorial, siempre se dice, y me encanta la idea, que cuando un libro se publica, deja de ser del autor y pasa a ser de los lectores. Cada uno, coge el libro, lee, y se forja su propia historia. Es fascinante comprobar que ante un mismo texto, cada uno ve, entiende, cosas distintas.

En el mundo virtual, el ejercicio de generosidad del artista se pervierte. Cuando se publica algo en internet deja de ser propio y pasa a ser de todos. Pasa a ser más que libre, libre para su lectura e interpretación, pero también para su libre disposición. Ahora, con la IA, máquina chupóptera donde las haya, está haciendo que el conocimiento virtual se vuelva más vampírico. Porque se ha propagado aquello de, que te lo escriba chat GPT, que se ha convertido en “el negro” moderno. Y, en apenas unos días, datos e información que te has currado mucho, que con gran esfuerzo has logrado enjaretar y publicar, aparece, por el arte de magia del Chat GPT en boca de otros. Desde luego nada de citar las fuentes, y los derechos de autoría, innombrables.

Ismael, que el que no corre vuela, o navega. Que no te lo digo porque yo sea especialmente perjudicado, que lo soy, ya te contaré. En lo que estoy pensando es que esto de copiar y plagiar lo que está suponiendo es que hay muchos copiando y pocos generando contenidos nuevos.

En varios cursos de historia, de geografía, de sociología, nos enseñaron que el triunfo de las civilizaciones siempre se ha debido a la aportación de conocimiento e innovación, a la capacidad de generar paradigmas, inventos, artilugios, teorías filosóficas, en definitiva, a dar nuevas soluciones a problemas recurrentes. Pues con esto de fiar el progreso a la IA ya te digo que vamos de culo. O, a lo peor, nos convertimos  todos un poco en uno de mis ídolos, Neo, cuando dice eso de “Sé que estáis ahí. Percibo vuestra presencia. Sé que tenéis miedo. Nos teméis a nosotros. Teméis el cambio. Yo no conozco el futuro. No he venido para deciros como acabará todo esto, al contrario, he venido a deciros como va a comenzar.” Tendrás que reconocerme, Ismael, que un poco de escalofrío si da.

Cuando ya queda pocho el suflé del mundial, o los mundiales, los del fútbol , merece la pena quedarse con aprendizajes. Mira, ¿recuerdas, Ismael, el anuncio que de forma machacona nos ponían en las pausas publicitarias de los partidos? ¿No? Bueno, no te apures. Lo primero es que hay que darle un tirón de orejas a los publicitarios porque los impactos de la campaña han sido volátiles, y como demuestra el hecho de que no te acuerdes, los publicitarios no son dignos de la millonada que se han llegado. Y, después, hay que decirles que la capacidad de retención de marca es mínima ahora entre los espectadores con el déficit de atención que arrastramos.

Te refresco amigo que, mientras los jugadores bebían agua y charlaban, en la tele, a nosotros, nos salían los anuncios con las estrellas de la selección disfrutando de unos warps, unos perritos calientes, nuggets y otros formatos de comida rápida, hiper calórica, plagada de naturalizantes y conservantes. Nos ponían un anuncio de fast food de una conocida marca cárnica que se dedica a la ganadería industrial. Y digo yo, ahora que se le ha ido el gas a esto del mundial y todos los señoros listos bien pagados de la federación de fútbol están en un resort de cinco estrellas, ¿a nadie se le ocurrió pensar que ese no es el ejemplo que los ídolos futboleros tienen que dar a los chavales? ¿Nadie de la gran tropa que está ahí viviendo ampulosamente de las patadas al balón, le dio por pensar que se puede aprovechar el momento de máximo foco de atención de la Juventud para promocionar hábitos de vida y alimentación saludable?

Que mira que desde hace siglos somos una potencia alimentaria, que ya vinieron los romanos a por el aceite y los europeos a por el ganado, que somos potencia mundial en producción de alimentos ecológicos, que viene gente de todo el mundo de turismo gastronómico a por nuestra dieta mediterránea.

Porque si al final, todo se reduce a economía y dinero, lo más rentable es tener a la gente sana y fuerte y eso hay que basarlo en alimentación y hábitos saludables. Que así reducimos el coste sanitario, que la obesidad y las enfermedades coronarias nos cuestan un pico, y también reducimos el absentismo laboral y mejora la productividad. Pero, nada de eso, carne procesada acompañada de bollería industrial, para cebar a los chavales y las intolerancias, que muchas farmacéuticas se frotan las manos cada vez que abre otro burger y otra pizzería de las cadenas internacionales.

Mira, me paró el otro día en la calle un señor para preguntarme por una calle. Mientras le indicaba, me di cuenta de que hacía mucho que nadie me preguntaba por estas cosas, y que yo tampoco pregunto ya. Cuando estoy en sitios desconocidos, lo busco en el maps. Tampoco nadie pregunta ya por los horarios de los sitios, las programaciones. Todo aquello que eran interacciones con la gente, ahora son con nuestro inseparable aparato, que todo lo tenemos en el móvil. Aparte de relacionarnos menos, nos volvemos cada vez más dependientes del chisme. Consultamos en la pantalla la previsión del tiempo por la mañana para saber cómo vestirnos, que te digo yo que conozco gente que se pone el navegador para ir al trabajo. Que por naturaleza somos cómodos y hay que aprovechar la tecnología, pero que ya te digo que, si no conservamos algunas neuronas activas, perderemos hasta el equilibrio. Batería y cabeza Ismael, batería, y cabeza.


En mi barrio los vencejos se han vuelto silenciosos, amigo, acaba el ciclo. También siento que a mí se remueve la silla por debajo, que sabes que yo, como las cigüeñas y los milanos, llegando finales de julio, el Sur me da gritos cada vez más altos. Cuídate mucho.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Me encanta lo que escribes Antonio! Es siempre una bocanada de aire fresco.

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