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El optimismo de la voluntad

Para que después me digas que las palabras por si solas no tienen poder. Mira un ejemplo. Remoloneo. Pronúnciala en voz alta, Ismael. Te das cuenta de que es una palabra envolvente, gatuna, erótica donde las haya. Remoloneo. Ya me reconocerás que nada como remolonear en las primeras luces dejando entrar el aire salino. Deshojar la margarita del café, el baño o el sexo, o solo rifar en los dibujos de la yesería el orden en que llegará cada uno. En una vida que nos lo da todo, pero nos roba el tiempo, lo de remolonear se convierte en el codiciado deseo de las vacaciones. Remolonear y caprichos, que a veces es la misma cosa. Así que no te culpes por remolonear y por dejar el teléfono en no molestar, que nada, salvo que yo te escriba, jejeje, es urgente. A mí, ya lo sabes, lo de pararme un rato, me lleva a pensar. Que la chirola siempre la tengo rumiando. Me da por pensar en las cosas gordas que nos pasan y de las que, si no aprendemos, peor nos irá. El análisis, Ismael, tenemos que co...

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