Lo Otro
Pasé por el centro de transfusión sanguínea, si, Ismael, he ido a donar sangre de nuevo, la número 37. Sigo convencido de que los pequeños gestos de solidaridad son los que mueven el mundo. Fíjate, en el centro al que voy, anexo al hospital, como cortesía, hay un pequeño office para que te tomes de forma gratuita algo después de donar, un zumo, un refresco, un café, unas galletas,…, una gran idea que hace más amable el rato, además de cumplir con la obligación de hidratarte.
Pues mira que, además de los donantes, son usuarios diarios de ese office los sanitarios por su puesto, el personal de mantenimiento, los obreros que circunstancialmente hace obras de mejora en el hospital, personal de ambulancia, …, gente variada que pasa por allí. Tengo claro que no es este el agujero del que más deba preocuparse la sanidad pública. Pero sí que lo que tenemos que seguir haciéndonos ver es que en la práctica todos somos defraudadores y abusamos de lo público en la medida de nuestras posibilidades. Que no digo que haya que negar un café y un reposo a las personas en sus quehaceres, pero esto de sentirnos con todos los derechos porque yo lo valgo es signo de la debilidad de nuestros principios.
Somos oportunistas, quizás solo sea eso. En esencia, los humanos hemos sobrevivido porque somos conservadores. Claramente Ismael, no pongas esa cara. Estamos en este nivel de desarrollo porque aprendimos a hablar y a conservar. Hace varios miles de años aprendimos a secar y ahumar la carne, aprendimos a cocinar, a salazonar, aprendimos hasta a hacer queso, y con eso, conservamos un alimento esencial, la leche. Un tiempo después dimos un paso más y pasamos a gestionar la producción. Agricultores primero, industriales después. Más, conservamos, más progresamos.
El ser conservadores nos hizo progresistas, mira que paradójico círculo mágico. Con todo, mira que lo que más nos sigue gustando es aquello que recolectamos, cazamos o pescamos. Lo natural nos sigue pareciendo premium. Será que por mucho que nos empeñemos, no conseguimos superar lo bien que lo hace la naturaleza, será que, a pesar de conservadores, seguimos teniendo algo de salvajes. Tenemos los instintos primarios domesticados, pero ahí siguen, Ismael, ahí siguen, empujando todo el rato para salir del armario.
Hablando de armarios, tu que estás en el mundo y tienes la cabeza amueblada, a ver si me ayudas a encontrar buenos lugares en los que informarme. Yo siempre he sido de informativos convencionales, de los que te cuentan cómo está el mundo mientras almuerzas o cenas, aquello del típico telediario. Te confieso que sigo manteniendo cierta querencia, por aquello de la neutralidad y objetividad, por los canales públicos. Pero maldita sea Ismael, la línea editorial de los medios de comunicación, incluso los públicos, me está resultando vergonzante. En concreto el sesgo de televisiones públicas como es Canal Sur en los últimos tiempos, no ya con los colores del gobierno, sino con muchos minutos de las noticias incitando al odio, me parece indignante, irresponsable, inadmisible. No me siento, como ciudadano, con el alcance suficiente como para cambiar eso, pero si con la libertad de quitarles mi apoyo, no poniéndolo. Dime algo sobre esto, por favor.
A ratos, llego a comprender a la multitud de familias que se aíslan de toda la parrilla informativa y se refugian en el fútbol o las series, aunque lamentablemente, sea después ese un gran motivo para que no consigamos formarnos opiniones propias y fundadas. Será que estamos volviendo al despotismo ilustrado.
Paro de darte coletazos, que no quiero marearte ahora que septiembre coge velocidad. Si, coletazos, porque tengo la impresión de que, con tanto atún, me han salido escamas, aleta caudal y el pellejito me rebosa colágeno. Vaya jornadas magníficas del atún, cada vez más redondas, más completas. Este año, poniendo en valor a las mujeres.
Y tras las ponencias y exposiciones, el paseo por los bares y restaurantes que participan en la muestra gastronómica. Y, tú sabes, entre mormo y tarantelo, metiendo la cuñita de la recuperación de la almadraba para Huelva que ponga las alas a nuestra civilización atunera.
Una confidencia, que seguro a ti también te pasa. Que pellizco se te queda cuando, al término de una reunión de varias personas, dos de los asistentes se despiden diciendo “de lo otro ya hablamos nosotros”. Aparece, de golpe, Lo Otro. Cuestión muy importante, que ambos han tenido presente durante todo el tiempo, en la que siguen trabajando, pero de la que el resto no puede saber. Lo Otro. Como Lo Mío. Como Lo que tú y yo sabemos, Aquello de lo que hablamos. Al resto de los asistentes, a los que se nos queda clavado el comentario, dejamos apartado el tema que nos ocupaba en la reunión y nos quedamos en la noria de, ¿qué se traerán entre manos estos dos? La retranca humana, Ismael.
Con todo el ruido, no nos podemos despistar, que no se te olvide siempre, aplaudir a Los Caballas hasta que se nos pongan rojas las manos. La inmensa mayoría está dando un ejemplo de ciudadanía de la que tenemos mucho que aprender. Y si, no te rías, vaya verano de caballas que llevamos. Acércate al mercado, que en este septiembre están sabrosas, “engrasás” que decimos en el pueblo. Habrá que hacer un estudio científico para averiguar cuanto de verdad hay en eso de que el secreto está en el enguao.
Te envié el audio del programa de radio de Jorge Molina, Andalucía es Naturaleza, en Canal Sur con el que colaboro esta temporada, ¿Qué te pareció? ¿Y la columna quincenal que hemos abierto en La Voz del Sur? Ahí que hemos sacado la patita técnica, que nos luzca los años de facultad y oficio. Y de paso, seguir con la matraca de la crisis climática, a ver si hacemos correr el sentir de que el problema es grande.
Te dejo, que querrás coger rutina, ese bálsamo de fierabrás. Solo apuntarte que me ha dado esta mañana subidón. He oído que vuelve Second, ¿te llegó algo? Ya te digo que volveremos a verlos, y cantaremos Rincón exquisito, ve haciéndote a la idea.


Comentarios